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LA CONTRACRÓNICA | Ladrillos

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Un instante del partido disputado en A Porta Santa. MUCHACALIDAD.COM

Jorge Deza  para   muchacalidad.com    #FutbolFerrol


En las últimas horas hemos leído o escuchado a diferentes personas del Racing tras la derrota de Paiosaco. Nada nuevo bajo el sol. Hay un liviano nivel de autocrítica pero parece que nadie da con la clave del problema. Se asume que el equipo no está dando la talla pero no se pone en cuestión que, con lo que hay, la forma de jugar no es la adecuada y la plantilla necesita urgentes refuerzos que cubran espacios y nos doten de lo que carecemos. Mouriz insiste en que no vendrán jugadores de Segunda o Segunda B tan fácilmente y que hay un buen remanente en el equipo de división de honor juvenil.  Lo extraño es que hayan venido ciertos futbolistas tan fácilmente.

El fútbol es imagen, sensaciones e identidad. La imagen del Racing en lo que va de liga no es precisamente digna de usar como wallpaper en tu ordenador, las sensaciones son poco sensacionales y la identidad (en el campo) dista mucho de lo esperado. Sobre todo con los objetivos marcados y la dimensión de club en una categoría como la que se está. Un cúmulo de problemas desnudan la realidad competitiva del equipo.

El Racing encaja más de lo debido… Larraz, que sabe lo que tiene y lo que quiere pero sabe también lo que no tiene; apostó por un equipo identificable por una consistencia defensiva. Y a partir de ahí edificar excelencia y resultados, tirando de la calidad que se presupone en hombres como Pablo Rey, Marcos Álvarez o Joselu. Pero la realidad es que el Racing defiende demasiado atrás y demasiado mal. Nuestra retarguardia, o su actuación, es blanda, lenta y torpona. Nos faltan ladrillos ahí. Chocante en un “equipo a batir”. Los goles del Paiosaco, sin ir más lejos, son un formidable ejemplo de esta movida. Popi remata con todo ante una defensa sin vista ni contundencia. Y Bilal llega como un misil a un balón al segundo palo ante la pasividad global de nuestra retaguardia. Los aficionados locales, banderas en mano, corrían más tras las barandillas en las celebraciones de los goles que los pupilos de Larraz.

La capacidad de penetración, dominio y ejecución de cualquier rival en nuestra área es pasmosa. Nuestro balance defensivo es de cuadro de mitad de la tabla como mucho. A día de hoy, y lo siento, no me quedo con ningún efectivo de la defensa.

Foto: Sandy Lopez

El Racing no tiene intensidad, ni peso demostrable, ni pase con garantías en el medio… Ahí nos falta un organizador, al margen del concurso de Pablo Rey, claro. Borja no me convence, Carlos García lo intenta y Joel también. Pero falta mucho poderío, mucha chicha, mucho mando en plaza ahí dentro si queremos ser campeones o algo así. Ladrillos. El juego del equipo de la Ciudad de las Malezas se frena en la meseta central, y el balón circula hacia atrás. No hay pim-pam ni estallidos. No hay atrevimiento (tampoco ideas) y se da mucho entorpecimiento. Nuestro fútbol es vulgar. Previsible. No hay “feeling” entre los jugadores. Al Racing le faltan verdaderos líderes que tiren del equipo, que manden en sus parcelas, que inviten a sus compañeros a la lucha. Es un conjunto apocado el nuestro, que evoluciona por chispazos, con ocasionales luces individuales. Con ello somos novenos, y nos podemos dar con un canto en los dientes al día de la fecha.

Nos falta construcción ofensiva… Sigo pensando que al Racing le conviene jugar más arriba. Los primeros defensores tienen que ser los hombres de vanguardia, presionando como cosacos cada balón en salida de los rivales. Sacrificio y constancia se pide en esa empresa. Pero no tenemos ese sello y nos hace mucha falta. ¿Vieron como pelearon los chavales del Paiosaco? Se les notó que disfrutaban jugando juntos ante un “grande”. Se les veía comprometidos. ¿Disfrutan los nuestros? Al Racing le hace falta más juego directo, y mucha más velocidad. Más juego por bandas, porque tocarla no vale ahora. Cuanto más lejos de nuestra área juguemos, mejor. Por salud.

Encendamos la linterna para ver la raíz. El Racing, con dueño nuevo, presupuesto supuestamente importante y objetivo indeclinable; tenía que tener a estas horas una plantilla que contase con la mayoría de los jugadores más cualificados de la Tercera División gallega. Deberíamos ser colección de lo mejor. Para eso había que hilar fino controlando el mercado de la categoría. Atar en corto a los mejores delanteros, extremos, mediocampistas o defensas del cotarro galaico. Lejos de eso, se formó un plantel tardío, cortito, un tanto heterodoxo, como de Segunda B sin serlo, con jugadores sobre los que se incide una y otra vez acerca de su vasta experiencia en “división de bronce”. Como si eso fuese la panacea… En Tercera División hay que mamar y no hay currículum que valga. Hacen falta ladrillos. Y lo vamos viendo.

A mi Racing, al que veo, le falta fútbol que ilusione, divierta y dé resultados. Le falta meter miedo a sus rivales. Instaurar un modo y una manera de ser en esta liga. Ni Larraz tiene claro cómo arreglar este lío, ni Mouriz tiene previsto mover ficha, ni la plantilla da muestras palpables de reacción. Los partidos que vienen ahora ante Compostela, Arosa, Bergantiños y UD Ourense van a servir para espabilar por lo criminal o perderse en la mediocridad por lo civil. O estamos o no estamos. O vamos o no vamos. El fútbol puede ser hasta mágico e imprevisible, y nunca sabes por dónde puede salir. Pero mucho tendrá que remar, correr, pedalear y hasta nadar este Racing para ser algo más que el “histórico” al que todos quieren ganar este año pero que no da pie con bola (y a veces roza el ridículo) entre eucaliptales y campos de labranza.