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“Los días después” | La Contracrónica por Jorge Deza

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Foto: Bruno Penas / muchacalidad.com

Épica envasada al vacío. A Malata casi desnuda con una pasión que jamás morirá. Y un equipo que apura las últimas copas por los héroes caídos, por las banderas al viento y por el porvenir, que es precioso aunque no te lo cuenten aún. Ganar al Sanse confirmó que habrá lucha sin tregua y que van a tener que sufrir Valladolid B y Rayo Majadahonda para chupar de nuestra canoa en los días que vienen. O no.

El Racing ya es normal en su campo. Sale pensando en ganar. Así como antes no, ahora sí. Y juega con la balanza en la mano y sin venda en los ojos. La balanza de la paciencia, de la intensidad y, sobre todo, del talento escondido por las nieblas de una mala temporada a la que aún le faltan retoques y barnices para terminar. Los rostros son de implicación. Los nervios decrecen. Las flores florecen. Ya creemos que esto puede solucionarse. Y aún así sabemos que podemos caer. Tenemos todavía en el bolsillo muchos boletos para ello. Pero cada vez menos. La guerra está declarada y cada equipo pelea por su territorio. Racing, Pontevedra, Coruxo, Toledo, Segoviana, Guijuelo y Valladolid B luchan con sus armas y nunca se rendirán. Pero tres de ellos se irán a hoyo y otro a la estresante promoción. Quedan hasta el final un apasionante Segoviana-Pontevedra, un tremendo Toledo-Coruxo, un autonómico Segoviana-Valladolid B. Y un Racing-Valladolid B en 3D (divertido, dramático, decisivo). El domingo.

El arma más potente del Racing no solo es darlo todo allí donde le toque hacerlo (corriendo un tupido velo de Cerceda o Fuenlabrada…). Es sentirse arropado donde triunfa. En su feudo. La del día 29 tiene que ser la primera de las dos tardes que restan en A Malata -¡y que no sean más por esta campaña!- en las cuales la ciudad de Ferrol tiene que demostrar que se quiere a sí misma. Que si sueña con un Racing salvado, y que a no mucho tardar esté de nuevo en Segunda (o incluso en Primera) tiene que dejarse de una vez por todas de sempiternos pesimismos, remilgos, retrancas y otros ferrolanismos, y empujar un día, y otro, y otro como lo hacen en muchos otros lugares. Como se hacía en Ferrol cuando Ferrol era Ferrol y el Racing era el Racing. Como sabemos hacerlo, porque sí sabemos. La ciudad tiene que estar. Porque sabe mejor así. Y porque no hay otra fórmula, en realidad. El fútbol debe vivirse ahí fuera, más allá del salón de casa o del mostrador de un bar donde te ponen películas en las que siempre el más rico y más guapo se lleva a la más rica y más guapa. Y comen perdices. O avutardas. Tu equipo, si eres ferrolano, de la vieja tribu de los ártabros o de donde te apetezca, te espera donde siempre y sabes, o tendrías que saber cual es. Y ahora más que nunca. Porque el Racing, incluso aunque no lo sepas o no te importe, eres tú.

Del partido del domingo ante los sanseros (de los cuales solo me gustaron las medias negras con vuelta blanca de su segunda equipación, tan clásicas, tan “british”) no solo hay que quedarse con el “hat-trick” de Álvaro Rey (primero en su carrera deportiva) o el enésimo lanzamiento de falta a la red del afamado director y compositor Rey-Cabarcos. El Racing todo, al completo, reinó sobre el césped. Defendiendo bien, templando o intensificando a gusto, y sobre todo siendo muy oportuno y muy eficaz en el área contraria.

El Racing ya no le tiene miedo a la suerte. Ni a acertar. Ni a ganar. Porque hizo esta temporada un máster de malas decisiones y derivas, y un módulo de bajones y penurias. Y naufragó y se perdió en un islote. Y nadó a contracorriente y le mordieron los tiburones. Le mordimos todos con nuestros enfados, nuestros temores y nuestros desánimos. Enfados, temores y desánimos de puro amor. Pero a base de huevos revueltos y a la plancha, y de antorchas de ira, y gritos pelados, y luces sin sombras, ahí sigue. Porque solo dándolo todo, solo inyectando emoción y coraje a su empresa, a su espectáculo, a su defensa de un escudo (aunque lo haya inventado una tienda de deportes y todo el mundo haya tragado sin rechistar), podrá escapar de este atolladero. No dependemos solo de nosotros mismos. Pero sin nosotros, sin todos nosotros, no se conseguirá. Podemos irnos al garete porque los demás sean mejores y no fallen. Porque la mayoría de nuestros rivales sean capaces de ganar dos partidos de los tres que quedan. Porque nos haya penalizado nuestro pobre rendimiento como visitantes. Ay, si hubiésemos ganado en Coruxo (¡maldito último suspiro!) o en Mabegondo (¡qué gran primer tiempo!)… Pero ya no hay dolor ni tiempo para lamentos. Solo hay tiempo para los días de después, para lo que viene y lo que se nos ofrece. Nueve puntos que hay que pelear como leones marinos y como eso otro que rima con ganadores.

Queremos el domingo un Racing-Valladolid B con mucha gente en las gradas. Queremos la sexta victoria seguida a orillas del cuello de botella bacheado conocido como aparcamiento de Fondo Sur. Que las margaritas de detrás de las porterías digan siempre “me quiere”. Que los “Diablos Verdes” den el conciertazo atronando desde el patio de butacas como casi solo ellos saben hacerlo en el bronce español. Que toda “la peña”, y las “peñas”, lo den todo. Que impere la magia, la sensación de tarde especial. Porque ante los blanquivioletas hay que jugar con once en el campo y con miles en la grada. Los de Tribuna y Preferencia para darle fluidez al juego por bandas, ya que casi nunca cantan. Y los de Fondo Sur siendo un soplete rugiente de voces para que lo que pase en el área quede en las memorias de los que lo vean y lo recuerden dentro de muchos años. Como otras veces memorables en los 25 años de A Malata. Once leones sobre el césped durante noventa minutos y una leonera en los graderíos. Eso necesitamos escenificar.

Queremos que los que nunca van, o van con la gorra puesta, se acuerden de que Ferrol es esto, eso y aquello. Incluso lo de más allá. No lo que cuenten en un reportaje televisivo de encargo, aunque se acerquen. Ferrol es lo que hacemos, lo que nos sobra y lo que nos falta. Lo que nos ilusiona, lo que nos hace llorar o gritar. Lo que sabemos, lo que merecemos y lo que deseamos. En clave deportiva, si la historia forja fotos fijas de sentimientos y elabora leyendas a perpetuidad en el presente; es porque no es realmente lo que sucedió ayer, sino cómo lo recordamos e interpretamos. La historia es lo que somos hoy. Cada día. Esta mañana, esta tarde, esta noche. Y si queremos salvarnos ahora y ser más grandes mañana; historia y afición, los dos pilares fundamentales de un club, el nuestro también, han de ser columnas robustas e indestructibles. Referencia, motor e inspiración en el día a día y en los momentos decisivos. Porque al fin y al cabo esto es una canción de amor que habla sobre el derecho a emocionarnos. Es un libro que habla de nosotros mismos. Una narración que nadie más que nosotros puede elaborar. Con tinta verde y lágrimas de orgullo sobre el papel.

Si vas el domingo a A Malata verás que esta parrafada no son solo palabras. Sino que es esto, eso y aquello. E incluso lo de más allá.


Por Jorge Deza para muchacalidad.com #FutbolFerrol


Foto: Bruno Penas / muchacalidad.com