El cuadro granate, plagado de bajas y obligado a improvisar posiciones, firmó un empate sufrido ante un Guadalajara que perdonó en los últimos minutos.
Un punto ganado… o dos perdidos? El Pontevedra sobrevive a un duelo de pura supervivencia
El Pontevedra CF salió a Pasarón con lo justo, con Rubén Domínguez tirando de calculadora y remiendos para completar un once competitivo. Lo que debía ser un partido directo por la permanencia acabó convertido en un ejercicio de resistencia granate, en un choque donde el empate a uno sabe a alivio… pero también a oportunidad perdida.
El Guadalajara golpeó primero, el Pontevedra reaccionó justo antes del descanso y la segunda mitad transcurrió entre el miedo a fallar y la imposibilidad de dar un paso más. Un duelo más propio de trincheras que de Primera RFEF.
Caos en la pizarra granate: centrales improvisados y pocos recursos
La previa ya anticipaba tormenta: bajas, rotaciones forzadas y un banquillo corto como una lista de Reyes Magos en época de crisis. Domínguez tuvo que recolocar piezas casi a diario y en Pasarón abrió el puzzle: Alain Ribeiro de central, Vidorreta como lateral y varios futbolistas actuando fuera de su rol natural.
Aun así, el equipo lerezano arrancó sin complejos y trató de igualar el empuje inicial de un Guadalajara que salió mandón y tuvo la primera clara, obligando a Edu Sousa a intervenir muy pronto.
Gol visitante y respuesta granate: ida y vuelta en el primer acto
Los morados aprovecharon su mejor tramo: Samu Mayo vio el desmarque de Julio Martínez, este centró atrás y Diego Amigo, totalmente libre, fusiló el 0-1 en el minuto 30. Un mazazo que obligó al Pontevedra a subir metros, con más corazón que precisión.
La recompensa llegó al borde del descanso. Una acción embarullada terminó cayendo a Resende, que desde la izquierda soltó un disparo raso que sorprendió a Zarco y devolvió el aliento a un Pasarón que ya temía lo peor.
Segunda parte espesa, sin ritmo y con un Pontevedra al límite
El Pontevedra arrancó con intención, pero sin colmillo. Tiago cabeceó desviado la primera del segundo acto y, después, Montoro tuvo la más clara para el 2-1, pero el meta visitante desbarató el intento.
Con el paso de los minutos, el duelo se fue apagando. El Guadalajara avisó en córners, mientras los granates, muy tocados y sin recambios específicos, resistían como podían. Para colmo, Miki cayó lesionado y obligó a un nuevo encaje táctico imposible.
Solo Miguel Cuesta, en un disparo desde la frontal que se marchó rozando el poste, encendió a una grada que pedía un arreón final que nunca llegó.
Final en el alambre: sufrimiento y punto salvado
Los minutos finales fueron de auténtico agobio. El Guadalajara apretó en jugadas de estrategia, pero el muro granate resistió con carácter. Sin recambios, con media defensa fuera de sitio y con el equipo fundido, el empate terminó firmándose casi como un mal menor.
No fue la tarde soñada en Pasarón, pero sí una en la que el Pontevedra, pese a su fragilidad, demostró orgullo competitivo.







