
El ascenso a Primera RFEF es un logro que no se regala. Requiere compromiso, trabajo y, en muchas ocasiones, navegar en medio de la incertidumbre. Eso hizo Yago Iglesias con el Pontevedra CF. Lo devolvió a una categoría donde debe estar. Por eso, la decisión del club de no renovarlo sorprende y deja muchas preguntas abiertas.
Cuando el objetivo se cumple… ¿por qué cambiar?
Iglesias llegó con una misión: subir. Lo consiguió. Construyó un bloque sólido, devolvió la competitividad al equipo y cumplió con lo pactado. Además lo hizo con un camino birllante en lo estético y efectivo en lo práctico.
Desde fuera, cuesta entender por qué se corta un proceso que ha funcionado. El fútbol, más aún en proyectos que buscan estabilidad, suele premiar la continuidad. Aquí se ha optado por romperla.
El problema no es solo que se vaya… es cómo se va
Lo que incomoda no es solo la marcha del técnico. Es la falta de relato, de contexto, de claridad. El club no ha ofrecido a día de hoy una explicación sólida que permita entender la lógica de la decisión.
Y cuando eso ocurre, el mensaje que cala en el entorno es el de la incertidumbre. De nuevo. Otra vez.
La lógica que puede tener la directiva
Ahora bien, sería injusto pensar que esta es una decisión puramente caprichosa. La dirección deportiva del Pontevedra y su junta directiva tendrán seguro sus razones y seguramente las den a conocer en tiempo que estimen oportuno.
Puede que haya habido diferencias de visión a largo plazo, discrepancias internas, o simplemente una visión diferente de lo que debe ser el futuro del equipo a corto y medio plazo.
Desde esa óptica, se puede entender que prefieran comenzar en Primera RFEF con un proyecto 100% nuevo, aunque eso implique renunciar a la inercia ganadora que Iglesias había generado.
Iglesias merecía otro final
No hablamos de hacer de Yago Iglesias un símbolo eterno del banquillo granate. Pero sí de reconocer que cumplió su parte con creces, y que su salida parece más una maniobra preventiva que una consecuencia lógica del rendimiento.
Una etapa que deja más dudas que certezas
El tiempo dirá si el cambio fue acertado. Pero a día de hoy, lo que deja esta decisión es una mezcla de extrañeza y escepticismo. Porque el banquillo no estaba roto. Y aun así, se cambia.
A veces en el fútbol se toman decisiones difíciles por motivos que quedan de puertas para dentro. Quizás este sea uno de esos casos. Pero el silencio deja espacio para las dudas. Y dudar no es lo ideal cuando estás a punto de competir en una categoría que no perdona errores.






