LA CONTRACRÓNICA | Partido sin partido

Por Jorge Deza para muchacalidad.com

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Desprovisto el Abanca-Riazor de ambiente por culpa de la pandemia de Covid-19, el grisáceo Derby de las Rías Altas que blanquiazules y verdes jugaron el domingo tuvo más perfil de amistoso con puntos en juego que otra cosa. Unos por otros con sus prudencias y desconfianzas y nadie barrió. Ni el Dep. La Coruña, muy ducho en el toque y la combinación a muchos metros del área pero que cantinflea en la zona de ejecución; ni el Racing, al que le faltó la identidad demostrada en algunos de los partidos precedentes, decisión y despojarse de miedos infundados. A los de Fernando Vázquez les llega con lo que hacen, dado que su nivel, aunque sin brillo, es superior a la media del Subgrupo “A”, del Grupo 1º y quizá de toda la categoría. Nadan, guardan la ropa, marcan lo justo y exhiben lo mínimo. Por su parte, al cuadro ferrolano le hace falta acelerar los plazos para terminar su fase de construcción, no sea que se lleve el disgusto de no clasificarse entre los tres primeros. Porque ese es el gran objetivo, y lo repetimos una y otra vez: primero, asegurarse la permanencia en la división de bronce (que no va a ser tan fácil) y, luego, la bola extra de luchar por meterse en el play-off en la 2ª Fase.

Perder en Abanca-Riazor no está tipificado como falta ni delito. Pero no fue de recibo perder sin la combatividad esperada, sin la ambición proclamada, sin la chispa adecuada. El Racing jamás fue un equipo anodino en sus muchos choques en A Coruña contra su antiguo/eterno rival, ganase o perdiese el Derby del Golfo Ártabro. Bien es cierto que el fútbol moderno sabe ya poco de transmisiones generacionales. Como la política últimamente. El domingo es verdad que el tempranero gol le alteró todo a los pupilos de Larraz y les hizo caer en un bucle de ideas cero y de impotencia cien. El guión del partido quedó desnudo de repente, a la vista de todo el mundo. Y nadie cogió la pluma estilográfica para reescribirlo. Los verdes no probaron (o no les dejaron) tirar a puerta en condiciones y apenas pisaron el área rival, región casi siempre lejana e ignota. Sobró campo y faltó espacio. El problema estuvo en que al partido le faltó partido. El equipo de casa lo vivió demasiado tranquilo, sin esperarlo.

Decidió un penalty en el que incurrió, por segunda vez en dos semanas, el tanque humano Quintana por el acto reflejo de echar los brazos hacia atrás en el momento del centro de su compatriota Rolan. Si el Dep. La Coruña metió media compañía de autobuses urbanos de medio del campo para atrás por no fiarse de un Racing hasta el domingo solvente lejos de A Malata; al cuadro esmeralda le tocó ir a remolque desde demasiado pronto y olvidarse de sus planes de fin de semana, si es que tenía alguno. Tras el gol todo fue un gélido y extenso páramo de fútbol, una cómoda gestión del minutaje por parte local, sin sobresaltos apreciables, y un constante querer y no saber por parte de los de Larraz. Deportivistas y racinguistas jugaron al Minecraft, llenando el campo de bloques de control, de espera al fallo contrario y de atranque. El Racing se empeñó en intentar jugar por donde no había distancia social y sus movimientos eran casi siempre lentos y sin futuro alguno. Escupiendo el balón cuando quemaba o perdiéndolo a poco que la presión blanquiazul enseñaba sus líneas rojas. Caía el equipo verde billar en la trampa simplista pero efectiva de los de Marineda. Y eso le desgastaba a pasos agigantados. Por momentos el partido se jugó a bandas cerradas como medida de seguridad por la pandemia de conservadurismo que dominaba el match y las áreas estuvieron demasiado vacantes. En esa partida ganaron los coruñeses porque el Racing jugaba con versión trial. Los de Artabria de Arriba echaron en falta a Álex López para ordenar el tráfico de balón. Se añoró a Pablo Rey, pero no se pudo poner porque está muy ocupado marcando goles en As Somozas. Los de Artabria de Abajo sacaban matrícula rentabilizando su gol sin complicarse mucho más.
Lo de Mujaid fue penalty claro y quizá el destino de este insustancial encuentro era que acabase con un insípido empate a penaltys. O no. En todo caso habrá revancha en febrero, y esperemos que para entonces el Racing esté ya vacunado.


Foto portada : Un instante del Deportivo 1-0 Racing | Redes Sociales