“Cacao” | La Contrarónica por Jorge Deza

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El empate del pasado domingo ante el Valladolid B ensombrece el futuro del Racing de Ferrol. Fue un palo. Una cucharada de jarabe Pectosan. Pero se veía venir, y eso es lo que más fastidia. Hemos pasado de las tintineantes luces de esperanza que alumbraban esta noche oscura en forma de cinco victorias seguidas en A Malata a vernos al borde de un acantilado con espumoso y rugiente mar allá abajo. En realidad ese fue el sobrecogedor paisaje de toda la temporada. Ya tenemos el cabello pringado de salitre y no nos coge por sorpresa aunque, como todo acantilado, nos da pavor caer porque no queremos, bajo ningún concepto regresar a las catacumbas de la cuarta categoría del fútbol español. No y no. Y mucho menos cuando el Centenario llama a la puerta. Pero las cosas son como son, y fue tanto en lo que fallamos y era tanto lo que había que recuperar en esta recta final que todo resultó, y resulta, muy complicado de conseguir. El cacao es enorme clasificatoriamente y estamos atrapados en la rebanada. Este día, tarde o temprano, tenía que llegar.

Dejando a un lado cómo hemos llegado a esto, la semana se presenta copada de cábalas y apelaciones a la heroica. Ésta última tocaba el domingo, pero el equipo de Ricardo solo quiso/supo defender. Y esperar éxitos en algún contragolpe gestionado por Pablo Rey y/o Joselu. Las cosas le venían saliendo tan bien al Racing en casa que todo el mundo se confió. Con la sola presencia en el césped ya ganamos el partido. Chupado. Solo tenemos que defender como cosacos (ahora que lo hacemos un poco mejor) y ya surgirá alguna contra o algo, que pólvora hay para ello. Pero la realidad es que cada partido es una historia diferente. Frente al Valladolid B abusamos de esa fórmula que no es fórmula sino coyuntura y nos pilló el lobo. Para ganar un partido hay que jugar al ataque. Elemental. Se tiene que notar cual es el equipo de casa y cual el visitante. Yo les aseguro que antes de acabar el primer tiempo, y ya con el 2 a 0 en el electrónico (que se volvió loco con el primer tanto, quizá Antonio Aneiros se cayó por la emoción encima de la tecla y por eso salió un “countdown” desde el 99 hasta el 1) yo tenía claro que aquello no iba a terminar bien y tengo testigos. Y, por desgracia, maldita sea, acerté.

Además de todo esto, que ya es pasado y mejor olvidarlo y centrarnos en lo que falta, hay otra cosa. Si juegas ante tu gente, si te lo montaste toda la semana para llamar a los que nunca van para que acudiesen a hacer más bulto en A Malata, si te juegas lo que te juegas (ir a Punta Cana con tu pareja); no puedes ofrecer un menú tan ultradefensivo y, por momentos, tan cansino. ¿Adónde vamos así? “¿Están para evitar el descenso y todo el partido metidos atrás?”, dijo alguien no habitual en A Malata. A la gente no se la engancha con victorias, porque ningún equipo del planeta puede ganar siempre. Se la engancha con pundonor en el campo, con entrega total. Eso es lo que suma, lo que forja identidad. Lo que hace levantarse a la gente de sus asientos. Lo que hace disfrutar. Lo que crea adhesión, empatía, identificación con unos colores. Eso sí se puede hacer en cada partido. Hacer de eso un sello, una manera, un estilo de entender el fútbol. Pero esa filosofía inventada y cultivada en su grado más excelso en la vieja Inglaterra (por eso sus campos están casi siempre llenos de gente fiel y apasionada, y no solo en la Premier) no se contempla ni siempre ni con la fuerza necesaria aquí. Hay muchas cosas que cambiar en el Racing cuando se inicie la nueva etapa. A nivel deportivo y también a nivel social. Y de marca. Y de relación con la gente y con la ciudad. Hay mucho que hacer.

Foto: Bruno Penas

A los de López Felipe les cuesta jugar noventa minutos a una intensidad para la que no están preparados. El tema físico es un clamor. O fichamos a flojos o entrenamos sin riesgo. Hay cosas que no son normales y no es de este año solo. Además de ese enigma, a los de verde botella les faltó el otro día sospechar del Valladolid B, no fiarse un pelo de él, y les sobró, en todo momento, confiar tanto en sí mismos. Un 2 a 0 jamás es un resultado insalvable para quien lleva un cero en su casillero. Y luchar por una permanencia exige, del minuto 1 al 90, una capacidad de sacrificio y concentración en todo el rectángulo de juego que sí demostraron los “Hijos de Cancela” en algunos partidos, cierto, pero no el domingo. Y bien que lo sentimos todos.

Las cábalas dicen que el Racing tiene opciones de evitar el descenso directo si gana los dos partidos que restan y Valladolid B, Coruxo y Pontevedra no hacen pleno de triunfos en sus compromisos. Con ello, aunque hay un buen número de combinaciones, los de la “Detroit española” podrían, como mal menor, optar a la Promoción de Permanencia (PP3). Eso es a lo que, razonablemente, podemos aspirar. Y yo firmo ahora jugarla. El problema, el cacao, la madre del cordero, el tema está en qué Racing se verá en la ciudad deportiva del Real Madrid la tarde-noche del sábado. ¿El de siempre o uno distinto? ¿Un Racing sin confianza en sus posibilidades de salvación o un Racing dispuesto a morir por la patria? Como ya es sabido, el cuadro ferrolano podría ya descender de forma definitiva el domingo si no gana en Madrid y si vallisoletanos, vigueses y pontevedreses suman los tres puntos de sus correspondientes partidos. Y no es descabellado pensar que esto último ocurra. Que el equipo de Pucela le gane a la Segoviana (pese a ser un partido entre rivales directos), que el Pontevedra venza al Unión Adarve en Pasarón y que el Coruxo supere al Fuenlabrada en su “caja de cerillas” de O Vao no es ninguna quimera.

Del sábado será interesante comprobar si va a pesar más en el Racing la genuina y declarada voluntad por ganar; o el saber que ya no depende de sí mismo haga lo que haga. Su obligación es pelear hasta que no haya posibilidades, pero este equipo no es excesivamente fuerte mentalmente y si recibe un gol de los “merenguitos” mucho me temo que se presenta una noche sabatina de suplicio. Ojalá que aparezca el Racing que hace falta, ofensivo, valiente, porque la versión habitual lejos de A Malata ya nos la conocemos y no cotiza en bolsa. El fin de semana próximo sabremos si los muchachos de Ricardo aún pueden irse a Punta Cana o si, por el contrario, tendrán que conformarse con bajar a por percebes a Punta Frouxeira. Que tampoco está nada mal.


Por Jorge Deza para muchacalidad.com #FutbolFerrol


 

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