El central gallego, que dejó el club hace un año rumbo al fútbol esloveno, ha cerrado su regreso tras finalizar su etapa en el NK Celje, poniendo fin a semanas de negociación y a un runrún que llevaba tiempo instalado en A Malata.
Un fichaje trabajado, no improvisado
No ha sido fácil. El interés del Racing por recuperar a Castro venía de atrás, y el jugador tampoco lo puso sencillo: su salida de Eslovenia requería resolver varios flecos antes de poder cerrar el regreso. El central, de hecho, ya venía entrenando semanas atrás junto a su exequipo, señal de que la operación estaba encarrilada pero necesitaba tiempo para atarse del todo. Ahora, con todo resuelto, se pondrá a las órdenes de Javi Vázquez a partir del lunes.
Cuatro años que lo cambiaron todo
Castro no es un fichaje cualquiera. Entre 2021 y 2025 fue una de las piezas indiscutibles de la defensa racinguista, capitán en varios tramos y protagonista directo del ascenso del equipo a Segunda División. Su salida la pasada temporada —donde llegó a debutar en competición europea con el Celje— dejó un vacío que el club nunca terminó de llenar del todo.
Lo que aporta: solidez y galones
Zurdo, con buena salida de balón y una lectura de juego que le permite anticiparse con solvencia, Castro llega para dar un extra de experiencia a una zaga que necesita generar confianza cuanto antes. El Racing afronta esta temporada 2026/27 en Primera Federación con el objetivo de pelear por los puestos altos, y recuperar a un futbolista tan reclamado, que además conoce perfectamente el club y la exigencia de la afición de A Malata, es una noticia mayúscula.
Más que un fichaje: un símbolo
Más allá de lo estrictamente futbolístico, en el entorno racinguista se valora sobre todo la identificación de Castro con los colores verdes. No es solo un central de garantías: es alguien que ya demostró, en su primera etapa, que se deja la piel por este escudo. Y eso, después de tanto tira y afloja para que volviera, pesa todavía más.







