🔵 Una fiesta sin brillo en el templo blanquiazul
El estreno liguero en A Coruña debía ser una declaración de intenciones, pero el Deportivo de Antonio Hidalgo se quedó en tierra de nadie. El Burgos se llevó un empate valioso de Riazor y dejó a la afición con la sensación de que este Dépor esta todavía por mejorar. Mucho orden, buenas intenciones, pero ni un solo gol que celebrar.
🚀 Yeremay rozó la gloria en el arranque
El partido empezó con un aviso brutal: Yeremay estrelló un balón en el larguero a los dos minutos y el estadio rugió como si fuera gol. Ese arranque prometía una tarde de espectáculo, pero el brillo inicial se apagó demasiado pronto. El canario, que celebraba sus 100 partidos con el Dépor, fue de lo más peligroso, aunque le faltó esa chispa final para ser decisivo.
😬 El Dépor lo intentó, pero sin mordida arriba
Los herculinos tuvieron fases de dominio, con Villares y Soriano moviendo la batuta, y Zakaria peleando cada balón, pero la falta de un delantero que rompa defensas se notó demasiado. El nueve titular del Deportivo cocinó una gran ocasión pero le faltó puntería en la definición. Cada ataque moría en las inmediaciones del área rival. El Burgos, mientras tanto, resistió con orden y buscó sus opciones al contragolpe, obligando a Parreño a intervenir en más de una ocasión.
🔄 Hidalgo busca su fórmula, la grada pide soluciones
El técnico movió el banquillo en busca de aire fresco y recibió aplausos por su apuesta en construcción. La entrada de Charlie Patiño levantó a la grada, que empieza a ilusionarse con el talento del inglés. Pero ni los cambios ni el empuje final sirvieron para romper el muro visitante. El Dépor jugó, mandó… pero no mordió.
😤 Punto que sabe a poco en el regreso a casa
El pitido final dejó un sentimiento agridulce: el Dépor no pierde, pero tampoco convence. La falta de pegada es una losa demasiado pesada para un equipo que aspira a todo. Riazor lo tiene claro: sin gol no hay ascenso. El empate frente al Burgos es un aviso temprano de lo que falta para soñar en grande.







