El conjunto vigués firma una actuación incontestable, domina de principio a fin y encadena otra victoria apabullante ante un Sámano desarbolado desde el primer cuarto de hora.
O Vao vuelve a rugir: autoridad absoluta desde el primer minuto
El Coruxo salió al césped con la obligación —y el hambre— de confirmar su momento dulce. Y vaya si lo hizo. La presión alta, el ritmo en banda y la precisión en los metros finales fueron el guion de un primer acto en el que el Sámano apenas pudo respirar.
La primera acometida ya avisó del temporal: saque de esquina, rechaces forzados y un sector derecho que ardía con Pinín, Gandarillas y Sola hilando acciones a toda velocidad.
Añón abre la lata y Alonso golpea en balón parado
La recompensa llegó en el minuto 20 tras una jugada marca de la casa: Pinín desbordó por la derecha, levantó la cabeza y puso un centro tenso al corazón del área. Allí emergió Añón, que cruzó el remate con frialdad de delantero veterano para el 1-0.
El Coruxo no soltó el mando. Siguió empujando, acumulando llegadas y amenazando con un marcador más amplio. A los 34 minutos cayó el segundo: córner botado por Gandarillas, imán de peligro toda la tarde, y cabezazo impecable de Carlos Alonso. Firmado el 2-0, el choque tenía un dueño clarísimo.
Intento de reacción visitante… y sentencia inmediata
El Sámano volvió del descanso con algo más de descaro, pero fue un espejismo. La estructura del Coruxo, sólida y paciente, aguantó sin sobresaltos hasta que llegó el golpe definitivo.
Javi González, que había entrado tras el descanso, firmó una obra de arte en el 57: conducción, recorte y disparo ajustado, imposible para Oleaga. El 3-0 cerraba el partido y abría paso a una segunda mitad manejada a placer por el cuadro olívico.
Javi González se marcha con doblete y el Coruxo sella la goleada
En el añadido, una jugada colectiva de tiralíneas dejó a Javi González en disposición de repetir. El ariete no perdonó y puso el 4-0, rubricando una actuación sobresaliente y una puesta en escena que reivindica su papel en el equipo.
Solo un error puntual en la última acción permitió a Diego Marta maquillarlo para el Sámano, aunque sin alterar una realidad evidente: el Coruxo fue un avión y el rival, un espectador incómodo.
Un Coruxo lanzado y una grada que vibra
Con este triunfo, los de O Vao consolidan sensaciones, aprovechan el bajón defensivo del Sámano —nueve goles encajados en dos jornadas— y demuestran que su techo competitivo aún está lejos de verse.
El equipo juega, aprieta, combina y encuentra gol en prácticamente cada oleada. Y cuando eso ocurre en O Vao, el rival sabe que no hay respiro posible.
El Coruxo aterriza en la próxima jornada con una sonrisa amplia y un mensaje claro: el viento sopla a favor… y el equipo quiere más.







