El Deportivo firmó una victoria de mucho peso en el Nuevo Mirandilla ante un Cádiz cada vez más hundido. Un gol de Stoichkov en el minuto 87 decidió un partido dominado por los coruñeses y coloca al equipo blanquiazul en puestos de ascenso directo, con Riazor ya mirando la clasificación con el corazón acelerado.
Un triunfo con olor a Primera
El Deportivo salió de Cádiz con mucho más que tres puntos en la maleta. Se llevó una victoria de autoridad, una dosis enorme de confianza y un mensaje directo para sus rivales: el equipo coruñés está preparado para pelear hasta el final por el ascenso directo.
El 0-1 en el Nuevo Mirandilla no fue un triunfo cualquiera. Llegó en una salida exigente, ante un rival histórico, en una jornada avanzada de LaLiga Hypermotion y con la clasificación apretando como una defensa en bloque bajo. En ese escenario, el Dépor supo jugar con paciencia, insistencia y personalidad.
Cuando el partido parecía caminar hacia el empate, apareció Stoichkov. Entró desde el banquillo y marcó en el minuto 87, prácticamente nada más pisar el césped. Cosas de delantero con oficio: tocar poco, decidir mucho.
El Dépor fue más equipo que el Cádiz
El marcador pudo ser más amplio. El Deportivo tuvo más balón, más llegadas y mejores ocasiones. Desde los primeros compases, el conjunto blanquiazul fue ganando metros hasta instalarse en campo contrario y convertir a David Gil en uno de los protagonistas del encuentro.
Bil Nsongo avisó pronto, Mario Soriano también probó fortuna y Giacomo Quagliata rozó el gol en una acción que la defensa local sacó casi sobre la línea. El Cádiz, mientras tanto, intentaba sobrevivir al ritmo coruñés, pero cada pérdida amarilla era una invitación al sufrimiento.
Yeremay Hernández y Luismi Cruz se movieron entre líneas con esa electricidad que tanto incomoda a los centrales. Cada vez que recibían, el Cádiz reculaba medio metro. Y cuando un equipo empieza a defender mirando de reojo al reloj, mala señal.
Stoichkov, el cambio que valió oro
Antonio Hidalgo movió el banquillo buscando una chispa final. Y la encontró en Stoichkov.
El atacante entró en el minuto 86 y, apenas un minuto después, firmó el gol de la noche. No necesitó adaptación, ni tanteo, ni calentamiento emocional. Llegó, cazó su oportunidad y mandó el balón a la red para desatar la alegría deportivista.
Fue un gol de esos que pueden cambiar una temporada. No solo por el valor de los tres puntos, sino por el golpe psicológico que supone ganar así, lejos de Riazor y en la recta final del campeonato.
En una liga tan igualada como la Segunda División, estos detalles pesan toneladas. Y el Dépor, esta vez, tuvo el martillo en el minuto decisivo.
El Cádiz se hunde ante su gente
La otra cara de la noche fue el Cádiz. El conjunto gaditano volvió a quedarse sin victoria y prolonga una racha dramática que ya empieza a tener olor a alarma general.
El equipo amarillo acumula demasiadas jornadas sin ganar y su estadio, que durante años fue una caldera, se ha convertido en un escenario incómodo para los suyos. La grada aprieta, el equipo duda y cada ocasión rival parece agrandar la herida.
El Cádiz tuvo algún intento en el tramo final, especialmente con Roger Martí, pero apenas logró inquietar a Álvaro Fernández. Muy poco para un equipo que juega con la soga clasificatoria cada vez más cerca del cuello.
Hidalgo sale reforzado
El partido también deja muy señalado, para bien, el trabajo de Antonio Hidalgo. El técnico del Deportivo planteó un duelo serio, con dominio territorial, control de los tiempos y una lectura acertada desde el banquillo.
El Dépor no se volvió loco cuando el gol tardaba en llegar. Tampoco se partió cuando el Cádiz intentó empujar en los últimos minutos. Mantuvo el plan, protegió bien las transiciones y esperó su momento con la frialdad de quien sabe que estos partidos se ganan tanto con fútbol como con cabeza.
Eso, en una recta final de campeonato, vale casi tanto como un gol.
Riazor ya tiene motivos para creer
El Deportivo se coloca en la segunda plaza, en zona de ascenso directo, y mete presión al resto de candidatos. Quedan jornadas de máxima tensión, pero el golpe en Cádiz coloca al equipo coruñés en una posición magnífica para encarar el tramo definitivo.
Ahora toca gestionar la euforia. Porque en A Coruña ya se sabe que el corazón corre más que las piernas cuando aparece la palabra ascenso. Pero este Dépor transmite algo importante: compite, genera, insiste y sabe ganar partidos cerrados.
Y eso, en mayo, no es poca cosa. Es media vida.







