El Racing de Ferrol cerró su último partido de la temporada en A Malata con un empate sin goles ante Osasuna Promesas, en una tarde espesa, con pocas certezas y demasiados síntomas conocidos. Lucas evitó males mayores, el filial navarro falló un penalti y la afición verde despidió al equipo con pitos tras otro encuentro marcado por la falta de pegada.
A Malata esperaba una despedida; recibió otra frustración
El Racing de Ferrol quería regalarle a su afición una última alegría en casa. Una victoria para bajar el telón de A Malata con algo de orgullo, una sonrisa mínima y la sensación de que, al menos, el equipo podía cerrar el curso ante los suyos con una respuesta convincente.
No fue así.
El 0-0 ante Osasuna Promesas dejó una tarde de fútbol gris, de esas que se juegan con más obligación que inspiración. El equipo verde tuvo momentos de empuje, especialmente en la segunda parte, pero volvió a chocar contra su gran enemigo de la temporada: la falta de claridad en el área rival.
Y cuando un equipo no marca, el margen de error se convierte en una cuerda floja. El Racing caminó sobre ella durante buena parte del partido.
Lucas mantiene vivo a un Racing sin pegada
Si el marcador no se movió, fue en buena parte por Lucas. El portero racinguista sostuvo al equipo en varias fases delicadas, especialmente cuando Osasuna Promesas encontró espacios para correr y atacar con cierto peligro.
El filial navarro tuvo la ocasión más clara de la primera mitad desde el punto de penalti. Dani González asumió el lanzamiento, pero su disparo se estrelló en el larguero. A Malata respiró como quien esquiva una cornada en el descuento, aunque todavía quedaba mucho partido por delante.
El Racing también se asomó al gol. Pascu rozó el tanto con una acción que acabó en la madera y Álvaro Giménez intentó aparecer en zonas de remate, pero sin la contundencia necesaria para romper un partido cerrado. Faltó ese gesto de delantero que cambia una tarde torcida: el desmarque justo, el remate limpio, el toque que manda el balón a dormir dentro.
El equipo mejora con Dacosta y Azkune, pero sin premio
Tras el descanso, Guillermo Fernández Romo buscó soluciones desde el banquillo. Entraron Zalaya y Dacosta, y más tarde también Azkune y Álvaro Juan. El Racing ganó algo de profundidad, sobre todo con Dacosta, que agitó el partido por fuera y generó varias llegadas interesantes.
Azkune tuvo una ocasión muy clara después de un error de la defensa rojilla, pero tampoco encontró portería. Álvaro Giménez dispuso de otro remate con peligro, aunque sin la dirección suficiente para batir a Fernández.
En los últimos minutos, el Racing apretó más por empuje que por fútbol. Hubo centros, córners, rechaces, alguna parada del portero visitante y esa sensación tan reconocible en A Malata: el balón rondando el área, la grada empujando a ratos y el gol sin aparecer ni aunque le mandasen ubicación por WhatsApp.
Osasuna Promesas suma en su pelea por salvarse
Para Osasuna Promesas, el punto tiene otra lectura. El filial rojillo llegaba a Ferrol con necesidades clasificatorias y consiguió salir de A Malata sin perder. No fue un partido brillante, pero sí competitivo. Sufrió en el tramo final, aunque también pudo adelantarse con el penalti fallado por Dani González.
El empate mantiene al equipo navarro con vida en su batalla por la permanencia en Primera Federación. Para un filial, sumar fuera de casa en un campo como A Malata siempre tiene valor, aunque el partido dejase más pelea que fútbol.
El Racing, en cambio, se queda con una lectura mucho más amarga. No se jugaba lo mismo en la tabla, pero sí se jugaba algo importante: recuperar un poco de conexión con su gente. Y ahí volvió a suspender.
La grada habla claro: el proyecto necesita respuestas
El pitido final estuvo acompañado por el malestar de la afición. No fue una protesta aislada ni un simple calentón de grada. Fue la expresión de una hinchada cansada de ver a su equipo competir sin filo, sin continuidad y sin una idea lo bastante reconocible como para ilusionar.
El Racing ha cerrado su último partido en casa con otro empate sin goles, otro encuentro sin pegada y otra tarde en la que el debate vuelve a salir del césped para instalarse en los despachos.
La próxima temporada exigirá decisiones. Plantilla, banquillo, dirección deportiva y modelo competitivo. Porque el racinguismo no pide fuegos artificiales cada domingo, pero sí un equipo que transmita, que muerda, que llegue al área con hambre y que convierta A Malata en algo más que un escenario de tardes largas.
El 0-0 ante Osasuna Promesas no será recordado por el fútbol. Será recordado como otra señal de que el Racing necesita resetear. Y cuanto antes, mejor. Porque en Ferrol ya se sabe: la paciencia existe, pero no es una renovación automática.







