LA CONTRACRÓNICA | Arbitrariedades arbitrales

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El Racing mejoró en los dos últimos partidos. Asumiendo que no es un equipo de mucho gol ni alardes; la actitud global empieza a ser otra. Despierta de los aires de Tercera y mastica esta Segunda B sin soltarla. Lame heridas y comprende los disgustos. Se asusta menos. Se va curtiendo. Sigue siendo más vulnerable de lo deseado. Le siguen faltando cosas. Pero se le nota con genuinas ganas de huir de la niebla que estaba borrando el camino a un lugar seguro en este monte sin orégano. Ante el Oviedo B Larraz dio un giro copernicano y convirtió la veteranía de Marcos y de Pablo Rey en refrescante revulsivo para la victoria en un partido más de cero a cero que otra cosa. Oportunidad y acierto.

El fútbol es, casi todo él, eso. Ante uno de los favoritos al play-off de ascenso, el At. Madrid B, el equipo esmeralda fue más obrero liberal que burgués de puño en alto. Con la movilidad necesaria (aunque solo por momentos) para ser competitivo en esta liga de bronce plateado. Sin paripés ni milongas. Voluntarioso. Gremial. Excelso en los conceptos en la primera media hora, el pundonor (a veces mal dosificado) de Juan Antonio obtuvo el premio de un tanto para el sevillano, primero con la Verde en la categoría. Ser un equipo de más lucha, presión, anticipación; de robar una y otra vez balones y terminar las jugadas tirando a puerta es el camino.

Reinventarse a corto plazo no es fácil, pero el Racing lo vislumbra. El fútbol de salón no toca este año porque ni tenemos nivel ni, en realidad, da tantos puntos eso. Por tal razón ya se sienta en el banquillo o en la grada cualquiera. Se acabó el pedigree. Más electricidad, más fontanería. Y menos vendedores de enciclopedias. Eso buscamos. Reconversión. El equipo es lo primero.

A trazos gruesos hubo un tiempo para cada once en la cita sardinera del domingo. El Racing, en el primero, centrado y aplicado para proteger, robar y salir. En el segundo, más defensivo, más apagado. El Atleti B, muy peligroso por el exterior, dando no pocos quebraderos a Villarejo y a Diego Seoane. Y construyendo sus éxitos en un ir a más de seis a siete menos cuarto. Los de Nacho Fernández destilaron calidad Wanda pero encontraron un Racing menos dormido, menos facilón que lo hallado por el todopoderoso At. Baleares el domingo de los cien años y un día.

Tras el lluvioso descanso los verdes concedieron demasiado en su afán de proteger la ventaja, esquivaron la batalla en campo abierto, y, en una de esas, ante un rival crecido, jugón y motivado, podía llegar el empate. Y llegó cuando más duele, casi sin tiempo para reaccionar. Los rojiblancos no escondieron nunca su fe en puntuar en Ferrol y al Racing se le rompió la tarde de tanto usarla.

El equipo necesita jugar al ataque más tiempo. Robando y pasando el balón con rapidez y sin mirar atrás, con ayudas y trabajo como el proporcionado por hombres como Tavares (dentro del tono flojito, el mejor de los fichajes de este año hasta ahora). Falta peso en la construcción y eso es un hecho, pero con la nueva mentalidad, que aún está por consolidarse, podemos tener esperanza. En Oviedo se vio a un Racing de oficina. En A Malata se percibió el horizonte, aún no cercano, de lo que se demanda para ir sacando la temporada a flote. Pelear con conocimiento.

Racing vs Atleti B | Cora Seoane

Capítulo aparte, cómo no, para Ruiz Álvarez. El show del gijonés en los minutos finales no vino a cuento. ¿O fue todo un cuento? Tan cómodo se encontraba en la habitual balsa de aceite del Sardina que quiso alentar la insurrección. Fue una pura sobreactuación en la que escracheó el banquillo racinguista sin filtro. Larraz se fue a la calle por hacer lo mismo que el banquillo colchonero. ¿Qué hizo el míster verde? ¿Le amenazó con un arma? ¿Le insultó con un megáfono? No. Levantó los brazos reclamando un posible penalty. O sea, lo que hacen todos los banquillos en todos los partidos desde tiempo inmemorial. Delito de lesa majestad… Y Chema, portero suplente verde, se llevó la pedrea. Felicidades.

La justicia y la igualdad, palabras prostituidas hasta la saciedad en el falsete mundo de hoy, brillaron por su ausencia en esos minutos de agravios comparativos. Los aspavientos, los ímpetus de los banquillos en el fragor del partido fueron tratados en idiomas diferentes por el árbitro. Para los ferrolanos, expulsiones y a callar. Para los madrileños, llamamientos (manuales) a la moderación, a la calma y al diálogo. Al respeto a la Constitución y al orden público, le faltó indicar a Ruiz Álvarez. Pero sin expulsar a nadie. Por primera vez en mucho tiempo A Malata abroncó a un árbitro con ostentoso enfado. Hubo gusano protector a la conclusión y ahora el Racing explora la posibilidad de recurrir la roja a Larraz.

No será la última para los verdes. Sin caer en victimismos, ser recién regresado a Segunda B y no ir esta campaña con la vitola de favorito es lo que tiene. Un Racing aspirante y una Malata con cuatro o cinco mil personas… y se le quita la tontería al más pintado.

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