LA CONTRACRÓNICA | Sobra mucho, falta todo.

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El partido ante el At. Baleares ofreció, una vez más, las carencias de un Racing muy deficiente que suma 351 minutos sin marcar. A día de hoy (cómo esté la cosa dentro de dos meses, o de cuatro, no lo podemos saber) es carne de 3ª División y lo único alentador es que aún restan 31 jornadas para llegar al final. Así que hay tiempo para ponerse las pilas.

Al cuadro verde le falta todo lo imprescindible: solidez defensiva, construcción ofensiva y grandes dosis de intensidad. O es cuestión de jugadores o lo es de planteamientos. Porque no llega con pensar que el fútbol es así. En todo caso, el del Racing no prospera. Juega andando y casi siempre hacia atrás. No decide ni impone. Le falta conjunción y chispa. Las paredes no salen. Los jugadores no acaban de entenderse. No hay tándems ni asociaciones. Falta convicción. Hay una filosofía denodadamente ultradefensiva, pero luego defendemos mal y contragolpeamos peor. Nuestra pachanga de verano permanente destapa ante los rivales empanada y limitaciones. Donde ellos corren nosotros andamos. Donde ellos disputan nosotros acabamos por el suelo, quejándonos. Donde los demás meten el pie nosotros miramos y dejamos pasar. El escuchimizado fútbol del Racing a día de hoy es siempre a cámara lenta, casi siempre improvisado y poco inteligente. Nuestro semblante es pilindrica, en vez de molondro, en la categoría. Sin mordiente, sin velocidad, si esto no pega un giro la llevamos clara.

El panorama es maluto, y lo reconoce el propio Larraz, que definió a su equipo como “justito”. Lo llevamos viendo, en realidad, desde la pretemporada. O se fichó mal o la plantilla no da el callo. O Larraz, de pronto, no sabe cómo hacer que dé el callo. O quizá no nos damos cuenta del nivel que tiene este año la Segunda B (alto) y creímos que con mantener a casi todo el mundo de la campaña anterior y hacer dos o tres de retoques ya estaba todo arreglado. Estamos viendo que no. Que tiene que haber más rendimiento, que tiene que cambiar la forma de jugar (porque no da resultados) y que tiene que darse una mayor implicación individual de todos los futbolistas.

Es cierto que ayer visitó A Malata un equipazo. Pero eso no atenúa los problemas del Racing. El At. Baleares fue un conjunto terriblemente serio, con hechuras de división de plata, con una seguridad en sí mismo a prueba de bomba, y con un orden y una colocación sublimes. De lo mejorcito que se recuerda a orillas del Sardina en mucho tiempo. Quieren ascender al fútbol profesional y punto. ¡Qué envidia…! El líder controló en todo momento el panorama sobre el rocío de A Malata, y barrió del mapa a un Racing raquítico y torpón en un 2º tiempo letal. El equipo de Manix silenció las gradas con calidad elocuente, con juego de equipo palpable, con pegada demostrada. Pero, además, con 0 a 3 aún presionaba la pobrísima salida de balón de los nuestros buscando el cuarto tanto. Eso se llama ambición y mentalidad campeona. El Racing, mientras, se pasó el mediodía entregando el balón al rival, perdiéndolo con una facilidad por momentos escandalosa, defendiendo de chiste y evolucionando por el campo como un grupo de pollos sin cabeza. Los blanquiazules encontraron un chollo en Ferrol. Y se comieron nuestra empanada y los pasteles que sobraron de la fiestuqui de los cracks de la Morandeira.

Esto es lo que hay. Muchísima tarea tienen Larraz y los suyos por delante. O peleamos de verdad por esto o nos vamos otra vez al hoyo (y entonces tendría que haber dimisiones). Los paños calientes, las excusas y otras milongas ya no sirven. A trabajar, señores.


Por Jorge Deza


Foto: Un lance en el Racing vs Baleares el pasado domingo en A Malta | Sandy López

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