LA CONTRACRÓNICA | Arrimar el hombro

Por Jorge Deza

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La penúltima jornada de la 1ª vuelta del Grupo 1A de Segunda B fue un festival de sorpresas. La sonrojante e histórica derrota del lujoso Dep. La Coruña en Abanca-Riazor ante los chavales del multinacional Celta “B” y la goleada del Coruxo al potentísimo Pontevedra evidenciaron que nadie puede creerse nada ni despistarse se llame como se llame. Porque no se vive del nombre, sino del hombro. De arrimarlo.

El Racing hubo de arrimar el suyo en la mala hierba sintética de Guijuelo. El partido en feudo porcino se ajustó al guión típico del fútbol en campos artificiales: intensidad, estrés e imprevistos varios. Sin margen para el relax. La pelota en terrenos así es como la bola del Pinball. Siempre beneficia más al equipo de casa, que conoce donde están los reboteadores, cómo acertar con las dianas, los cráteres que penalizan y cómo saltar al Hiperespacio y sumar más puntos para conseguir la legendaria bola extra. Eso se apreció en un primer tiempo de dominio local, con un Racing hibernando en un planteamiento de resistencia, defensivo, sin operatividad ni protagonismo en el ficticio centro del campo, corriendo tras el vivaracho y saltarín balón y sudando para parar a un Guijuelo inferior pero enfundado en una estampación de lonchas de jamón que le dio la energía suficiente para mandar sobre su bien controlado césped. El cuadro de Larraz era sabedor de lo fuertemente condicionante que es la muy mejorable calidad de la hierba artificial del club chacinero. Pero quizá no se esperaba un rival tan metido en la faena. En realidad, no le quedaba otra al Guijuelo del ex verde Eizmendi y de nuestro querido Jonathan Martín en su plan de eludir las últimas cuatro plazas, o sea, las que certificarán el descenso autómatico de categoría y luchar en la 2ª fase por evitar un segundo descenso, a la quinta categoría. A decir de periodistas y aficionados guijuelenses el equipo de Jacobo Montes hizo el mejor primer tiempo de lo que va de competición. 

Pero, claro, en el segundo período solo se podía esperar la réplica ferrolana en la Bajada de las Piscinas. Y costó lo suyo, aunque contó con el factor físico de su parte. El desgaste del Guijuelo en el primer tempo fue importante y el Racing encontró una dimensión espacio-temporal un poco más propicia para sus argumentos. Aunque a los de Larraz les faltó irse abiertamente por el partido. Y si lo pretendieron tras el gol de David Rodríguez, primero del talaverano con la Verde, ya no pudieron cuando Quintana sacó las conchas a relucir y el equipo esmeralda se quedó con diez. Post-it para el potente central uruguayo: además de a pegar los brazos al cuerpo para evitar que le piten penaltys; tiene que aprender que a los árbitros de la RFEF no les gusta que les mencionen partes del cuerpo de sus madres. Ni que les hagan diagnósticos exprés de su salud mental porque eso es cometido de los profesionales sanitarios. Aprender que los trencillas podrán equivocarse mucho o muchísimo. Pero es mejor aceptar una tarjeta, aunque sea rigurosa, que perderse partidos en una liga tan corta y compleja. Porque de ello nadie sale beneficiado, ni el jugador ni el Racing. 

Ojalá que el bueno de Yeferson piense con calma sobre esto ahora que la liga se para casi por un mes en el Grupo 1A. Y que enero no venga con rebajas, sino con esperanzas e ilusiones renovadas. Que falta nos hace a todos con la que está cayendo.