El Ourense CF tendrá que jugarse la permanencia en Talavera después de perder 2-4 ante el Celta Fortuna en O Couto. El equipo local llegó a ponerse 2-1 al inicio de la segunda parte, pero el partido se le fue en el tramo final y ahora afronta la última jornada con margen mínimo.
La derrota deja más dolor por cómo llegó. El Ourense reaccionó al 0-1 inicial con un gol de Raúl Hernández en el minuto 28 y volvió a adelantarse tras el descanso en una acción de Adrián Guerrero que acabó dentro después de tocar en Meixús. Había hecho lo más difícil. Lo que no consiguió fue sostener esa ventaja.
Cómo se le escapó el partido
El primer problema apareció tras el 2-1. El Ourense no logró llevar el encuentro al ritmo que le convenía. El Celta Fortuna siguió encontrando espacios, mantuvo presencia en campo rival y dejó claro que el partido seguía abierto.
El empate llegó en el minuto 77 con un libre directo de Hugo González. Fue una acción de mucho nivel y cambió el tono del derbi. A partir de ahí, el equipo local ya no logró recuperar la calma con la que había sostenido otros tramos del encuentro.
El desenlace fue especialmente duro. Bernard Somuah marcó el 2-3 en el 90 y De la Iglesia firmó el 2-4 en el 103. En el añadido, el Ourense pasó de estar cerca de una victoria clave a quedarse con una semana entera de máxima presión.
Las cuatro señales que deja la derrota
- El Ourense convirtió su reacción en goles, pero no transformó el 2-1 en un tramo largo de control.
- El equipo volvió a conceder en un partido que estaba emocionalmente a favor tras el descanso.
- El empate del Fortuna llegó en una acción de alta calidad y obligó al Ourense a defender un final roto.
- El añadido castigó cada desajuste: un gol en el 90 y otro en el 103 sentenciaron la noche.
Talavera decide la permanencia
El próximo partido ya no admite demasiadas lecturas. El viaje a Talavera se convierte en una final directa por la permanencia y el Ourense llega con una conclusión clara: necesita competir mejor los momentos que siguen a sus propios aciertos y cerrar con más oficio los partidos que logra poner de cara.
También dejó señales útiles. El equipo fue agresivo al inicio, encontró a Raúl Hernández en zonas importantes, dañó por fuera y volvió a ponerse por delante tras el descanso. Lo que faltó fue pausa, orden en los rechaces y capacidad para atravesar sin daño el empuje final del rival.
La situación es delicada, pero todavía no definitiva. El Ourense llega con vida a la última jornada. Eso sí, esta vez no hay margen para repetir el mismo error.







