¿QUÉ APOSTAMOS? | LA CONTRACRÓNICA por Jorge Deza

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En las últimas horas se están precipitando (no sé si por un acantilado o por un vertedero de basura) los acontecimientos. La derrota del Racing de Ferrol en Pontevedra, merecida, sitúa a los verdes, apuesten por ello, en el caminito de la Tercera División si nadie lo remedia. En este Racing de boquilla y pacotilla, que ni conecta con la “peña” ni juega un carajo ni le gana a nadie; no hay tendencias, ni trazas, ni atisbos, ni brotes verdes. No hay mejorías, ni clavos ardiendo, ni puntos de luz. Solo la tela que arde y quema en el culo de todos. Solo la espuma que se nos puede ir con viento fresco. Solo la oportunidad más grande de la historia verde en riesgo de exclusión. Solo se ve, cada vez con más claridad, el cúmulo de despropósitos que ha venido ofreciendo este club desde hace tiempo. Desidia, torpeza, personalismos, bucles y “positivos”. Y apuestas. Y “pegotes”. Y exceso de confianzas. El Racing es una matrix en la que todo parecido con la realidad es pura… inconsciencia. Entre el mileurismo silente y adyacente y las políticas obtusas así está el patio. Y el tejado. Y la cocina. Cuando no hay proyecto ni modelo de club pasan estas cosas. Y cuando podría haberlos, proyecto y modelo, las manos negras, los tontos de capirote y otras faunas, se confabulan para estropearlo todo o casi todo. Demasiada caspa y poca casta.
Es verdad que quedan doce partidos (¡qué suplicio, por favor!), y que lo de salvarse no es imposible (apuesten por ello), y que toca seguir peleando (¿contra molinos de viento?) y apoyando desde la grada de la casi vetusta A Malata dejándose uñas, laringe y alma en el empeño, pero… ¿y los jugadores? ¿Cuándo van a apoyar a su afición?.

Los jugadores verdes rindieron cuentas al final del partido ante algunos aficionados. Foto: captura TVG

Lo peor de este preludio del apocalipsis es que la mayoría de ellos, apuesten por ello, no serán los principales perjudicados. Ni seguirán ni deberían seguir en ningún caso. Los damnificados serán los de siempre, los que quedan en plantilla, o sea, los abonados, los racinguistas de corazón, los “paganos” a los que el club lleva chuleando desde tiempo inmemorial con mamoneos que han ido dejando el coliseo del arroyo Sardina como un embalse gallego en tiempo de sequía gansa. Aficionados que tendrán que sufrir (salvo milagro) la humillación de ver a su club entrar en el año 2019 -el de su centenario- en el cuarto nivel de la liga española. Y gracias. Una liga, por cierto, que ha recargardo otra vez la batería de la mierda con otro escándalo vinculado a las apuestas, esa lacra que puede destruir, literalmente, este tinglado llamado fútbol. La polícia está dando buena cuenta del asunto y veremos si puede llegar hasta el fondo de esta farsa, de esta cloaca que es, hoy por hoy, el deporte rey. Una alcantarilla en la que no son pocos los jugadores a los que les importa un carajo el escudo y la camiseta que llevan en cada momento. Que apuestan contra su propio equipo por unos euros más, adulterando competición y sentimientos.

Como ya es sabido, hay dos ex jugadores del Racing implicados, el amigo Ceballos y el amigo Català. Juegan en el Jumilla, uno de esos clubs españoles de poca o ninguna monta que un día pasaron a ser dirigidos por emprendedores del “chinotauro”. Esos que cagan dinero y están taponando el mundo con su riqueza forjada sin filtro de gases (el fútbol español pronto será una tienda de “todo a cien” donde inyectar, lavar y secar todo lo que sea menester). Pero la presunta actividad ilegal de ambos futbolistas habría sido ejecutada cuando vestían la Verde. Ceballos en la última temporada racinguista en Segunda (2007/08) y Català en 2015/16. Apuesten que es verdad.
No es la primera vez que el nombre del Racing aparece mencionado en este tipo de “movidas”. Y si estuvo apuesten a que fue por algo. Pero lo malo de todo esto no es que aparezcan dos, doce o doscientos futbolistas manchados de barro. Lo es que el fútbol está entrando (si no lo está ya de lleno) en una época en la que va a ser difícil no sospechar de todo. No vale decir que solo son casos aislados. Porque no lo son. Si en un edificio de quince plantas hay catorce vecinos honrados y uno es un ladrón, los catorce honrados ponen alarma en sus puertas. Los casos aislados son solo la punta de un iceberg de basura que ha ido creciendo con este “cambio climático” que vive el fútbol. ¿En qué o en quién se puede confiar? ¿Qué partidos están exentos con total seguridad de que algún sinvergüenza adultere la competición para su propio beneficio? ¿Se puede creer hoy por hoy en la honestidad de los futbolistas de un equipo sin temor a sus irresistibles ludopatías? Por centrarnos en el Racing, en el último decenio, ¿cuántos partidos arrojaron resultados adulterados? ¿Dos? ¿Diez? Bonita pregunta que somos libres de formularnos ahora que mamá ha sacado del horno los melindres y están listos para comer. Alguien habrá que diga, ingenuo, que ninguno. Salvo la golfada del choque contra el Ciudad de Murcia en la temporada 2004/05, claro (yo añadiría en esa campaña, sin poder demostrarlo, eso sí, algún otro partido). Habrá quien piense que los jugadores son fiables. Que esas cosas no pasan aquí. Pero pasan. Y seguirán pasando. En Ferrol y en todas partes. Y, me temo, que cada vez más. No valen para nada los regímenes internos, ni los códigos éticos. Nadie puede impedir que un futbolista apueste. Puede hacerlo por él su esposa, su amigo o su prima. Queda en su conciencia, y solo ahí, el que estas cosas dejen de ocurrir.



 

Cerramos el capítulo dedicado a la sección de basuras y nos vamos a cosas más candentes, por lo preocupantes. Me llegan rumores de que Ignacio Rivera, que aún no manda en el Racing ni formó todavía consejo de administración alguno, pierde la ilusión. Digo esto porque leí por ahí comentarios acerca de que esta temporada el Racing lleva dos “directivas”. Y no. El consejo es el mismo de siempre y no ha entrado nadie del grupo de Rivera todavía. Están Criado, Pazos y Los Silveira (a éstos ni se les ve ni se les oye últimamente). Y se acabó. Rumores de que Carlos Mouriz (aunque no se lo crean, director deportivo del club) está muy cabreado con la plantilla de “comprometidos trabajadores”. No sé si su disgusto, su zozobra, su malestar es por ludopatías ajenas o por lo malo que es el personal. De Mouriz se susurra incluso en algunos videos ASMR que podría no seguir en el Racing si hay descenso a los infiernos.


 

Foto: captura TVG

¿Y Ricardo? Caerá si se pierde ante la Segoviana. El técnico verde ve cómo la sombra de Mordor se extiende y lo tiñe todo de gris desesperanza. Le curtirá para aprender. El vaho de su boca nubló la cabina de Pasarón para no ver a su equipo hacer un ridículo espantoso en la blanda hierba granate. La pintura verde está seca y no se puede pintar la pared. Solo dar cabezazos en ella. Una semana y otra. El postulado de tubo de ensayo del madrileño echa demasiado humo y puede estallar. Y adiós laboratorio. Y adios ratones. López Felipe fue la inercia de un rostro nuevo y el corazón y la esperanza que nos pudo a todos. Pero chispa inadecuada para una revolución sin gladiadores. Sin espíritu. Suena a epitafio. Y apuesten que lo es.

Difícil ser optimistas en una situación como esta. Donde todo está por recomponer. Por construir. Donde tantas cosas se han hecho tan mal desde hace tanto tiempo. Queremos salir de esta jaula pero la jaula está atrapada en un bloque de cemento que nosotros, con nuestra incompetencia hemos armado. O explota una bomba para romperlo o habrá que asumir el fin de una era que pedía y pide a gritos un final.


Por Jorge Deza para muchacalidad.com #FútbolFerrol


 

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