LA CONTRACRÓNICA | Ganó el equipo, triunfó la afición

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La victoria del Racing en la matinal del domingo ante la novel y acaudalada UD Ibiza tuvo mucho valor. Ganarle a uno de los “gallitos”; en A Malata, donde no lo hacía desde el año pasado; y ver lo que en mucho tiempo no veíamos: una afición despierta, viva y con conciencia propia, con unas irreprochables ganas de ver ganar a su equipo, al que llevó en volandas en un encuentro difícil. Una hinchada que metió presión a un pésimo arbitraje. Una grada que se introdujo en el partido como no se apreciaba hace mucho. El Racing jugó con doce anteayer. ¿Le quitarán los puntos por ello?

Y es que el Racing no fue anodino, ni de mentira, frente a los pitiusos. Las bobadas de las que habló Emilio Larraz (que estaban carcomiendo muchas cosas…) se dejaron a un lado y la gente se puso, de una vez por todas, el mono de trabajo. Con sus carencias de fábrica el viejo Centenario peleó de forma genuina contra un rival que mostró en Ferrol calidad de talonario pero también ataque romo y ejecución inacabada. Y luchó también el cuadro esmeralda contra un árbitro ultra-meticuloso en cualquier lance excepto en lo principal. El castellano-leonés Cueto Amigo se tragó dos penaltis, uno en cada área, y no contempló sancionar por igual la estopa de según quién la daba. Parecía anticasero. Pero no. Era malo.

Larraz dibujó su novedoso 5-3-2 para ahogar el ágil y lumínico fútbol del Ibiza. Ante una red de ocho hombres jugando fundamentalmente a defender, manejó bonito el once de Pablo Alfaro, construyendo su chalet con vistas con dominio del espacio y dándole precisión al trato del esférico. Todo precioso, la piscina ideal, pero no metió excesivo miedo. Es verdad que creó algún peligro, incluso un tiro al palo, pero fue más por claros despistes defensivos ferrolanos a la hora de despejar. Lo de fábrica. El Racing carecía de creación en el medio (solo tenía pase atrás) pero mantenía bastante a raya al cuadro celeste. Por cierto, el debutante Jon García no estará aún al 100%, pero estuvo de diez atrás. Ayudó mucho y cumplió siempre.

La entrada del cohete Adrián Armental tras el recreo le dio al equipo verde la electricidad que no tenía. Y un pelotazo tierra-aire que le llegó a Joselu fue convertido en sencilla y maravillosa curva normal sobre el portero para tocar la red. El de Palmeira, que estuvo en todas y a casi todo, se sitúa a quince goles de igualar a Pablo Rey como máximo anotador histórico del Racing.

En el segundo tiempo estuvo lo mejor de esta entretenida sesión vermut. El partido ganó en emociones, en tensiones y en implicaciones colectivas. El choque se abrió, los dos equipos se equipararon, y ya no había tantas diferencias como la tabla indica. El opulento Ibiza fue a menos, y a la desesperada. Y el Racing fue más protagonista, perfumando el partido con una atmósfera de resistencia calculada. Recordando al equipo de las siete jornadas sin perder tras la derrota ante el At. Baleares el día después del centenario. Trabajador, solidario y concentrado. Ganándose a pulso el aplauso del graderío más animoso de lo habitual. Jugaban juntos, equipo y afición, el domingo. Con argumentos mutuos. 

El Ibiza explotó todos sus recursos disponibles y, aunque no disgustó, según su entrenador hizo uno de sus peores partidos. El del Racing fue triunfo en modo épico, con susto en el ultimísimo suspiro. Y respiró profundamente tras el pitido del amigo Cueto. Y se llevó la ovación de la temporada a pie de hierba. 

Recargado con estas pilas, el Racing viajará a Palma a explorar posibilidades de sorpresa ante el todopoderoso líder. La cosa invita a estar atentos.


Foto: Sanmartin pelea un balón en el área rival | Cora Seoane

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