😱 Un primer tiempo para olvidar
El Celta salió al campo como quien va de paseo. Sin intensidad, sin ideas, sin alma. Y el Braga, sin apretar el acelerador, les pasó por encima. En 45 minutos, los portugueses marcaron dos goles, estrellaron un balón en el larguero, haciendo sufrir demasiado a una línea defensiva en la que el canterano Manu Fernández fue la única pieza aceptable.
Radu falló en el primero, un disparo sin demasiada potencia que se le coló como si fuera un tiro libre de entrenamiento. El segundo llegó tras un penalti provocado por una cadena de errores absurdos: mal control de Mingueza, entrada torpe de Starfelt y ejecución perfecta de Zalazar desde los once metros. El Celta no encontraba el norte… ni el balón.

🧊 En ataque, la nada más absoluta
La baja de Aspas dejó al equipo sin brújula ni chispa. El único intento serio fue un tiro a la grada de Hugo González, del filial. Poco más. Giráldez se las ve y se las desea para construir un frente ofensivo que no existe. La falta de fichajes empieza a doler… y mucho.
🔁 Revolución al descanso… con poco efecto
Tras el descanso, el técnico porriñés cambió a todo el equipo. La charla del vestuario debió incluir fuego, porque el Celta salió algo más enchufado. Fruto de eso, Jones marcó un gol tras una buena jugada con Sotelo. El mismo Sotelo rozó el empate con una falta directa, pero ahí se acabó la gasolina.
El Braga, que ya tenía la mente puesta en la Europa League, bajó el ritmo pero aún así cerró el partido con un zapatazo brutal de Diego desde más de 30 metros. Villar se estiró por inercia… pero ya era tarde. Otro balón al fondo de la red.
📉 Señales de alarma en todos los frentes
Desde el palco, Marián Mouriño no ocultaba su preocupación. Giráldez necesita fichajes como el comer. Pide tres delanteros, pero viendo lo de hoy, igual hay que fichar tres por línea. La defensa hace aguas, el mediocampo no conecta, y en la portería hay más dudas que certezas.
🚨 El diagnóstico es claro: así, no
El Celta necesita una revolución. Lo de Braga no es un simple tropiezo, es una alerta roja en toda regla. Queda mucho verano por delante, pero si no se actúa rápido, la temporada puede hacerse eterna.







