Un inicio de pesadilla para los de Flick
El Ciutat de València fue testigo de una primera parte en la que el Barcelona parecía condenado al naufragio. Iván Romero abrió la lata con una contra fulminante que pilló despistada a toda la zaga culé. Y cuando el descanso se acercaba, Morales, implacable desde los once metros, firmó el 2-0 que dejó a los azulgranas tambaleando. El Barça se marchó al vestuario con la sensación de estar al borde del KO.
Pedri encendió la mecha de la remontada
La charla de Flick surtió efecto inmediato. A los pocos minutos de la reanudación, Pedri, con un zapatazo marca de la casa desde la frontal, devolvió la vida a los culés y encendió la chispa de la remontada. Ese gol fue la gasolina que necesitaba el Barça para lanzarse con todo hacia la portería de Cuñat.
Ferran Torres impuso su ley en el área
El asedio era total y el Levante ya no encontraba oxígeno. Apenas tres minutos después, Raphinha colgó un balón medido que Ferran Torres cabeceó con furia para colocar el 2-2 y silenciar a la grada. El empate convirtió al Barça en una apisonadora, con Lamine Yamal cada vez más desequilibrante en la banda.
Un autogol que valió oro
Cuando el cronómetro ya estaba en el límite, apareció la suerte —y la desgracia granota—. Lamine Yamal puso un centro envenenado al corazón del área y Elgezabal, en su intento de despeje, terminó empujando el balón a su propia red. El 2-3 cayó como un jarro de agua fría sobre un Levante que lo había tenido todo de cara y acabó con las manos vacías.
Conclusión: un Barça que nunca muere
El Barcelona firmó una remontada de las que marcan temporada. Pasó del abismo a la gloria en apenas 45 minutos y dejó claro que, con Flick al mando, la fe y el carácter serán sus principales armas. El Levante, por su parte, pagó muy caro el desgaste y la falta de acierto para cerrar el partido cuando tuvo la oportunidad.







