😤 Una noche amarga en La Romareda
El Real Zaragoza volvió a dejar escapar puntos en casa al caer 0-1 ante el Córdoba CF, en un encuentro que dejó más frustración que esperanza. Gabi Fernández, con semblante serio y voz contenida, asumió que su equipo tuvo todo para ganar… y lo tiró por la borda.
“Tuvimos cuatro manos a manos en la primera parte. Si no marcas, te lo hacen pagar. Así de simple”, lamentó el técnico.
La derrota llegó con la dosis más cruel posible: un autogol de Saidu que dejó a todo el estadio en silencio. “Nos metimos nosotros el gol… y te vas con una cara de tonto que no puedes con ella”, soltó Gabi, sin rodeos.
🧨 Señalados y autocrítica sin filtros
El entrenador no se mordió la lengua al hablar de la presión que vive el vestuario y de los nombres que más están sufriendo.
Aunque evitó señalar directamente, en el entorno zaragocista suenan dos nombres con fuerza: Sebas y Cuenca, protagonistas de los errores defensivos que desesperaron al banquillo.
“Yo soy el responsable. Si fallamos, es porque algo no estoy haciendo bien. Puede ser nerviosismo, falta de calidad o falta de entrenamiento”, reconoció.
🚫 La expulsión que encendió al técnico
Gabi también se refirió al momento de su expulsión por golpear una botella de agua, un gesto que desató la polémica:
“Me han echado por eso. Parece que miran más a los entrenadores que al juego.”
El técnico no quiso entrar de lleno en la actuación arbitral, pero dejó un mensaje con veneno:
“No sé si los árbitros vienen presionados o quieren demostrar algo. Pero los que pagamos somos nosotros.”
💬 Mensaje a la afición: “No puedo pedirles más”
Antes de retirarse, el técnico quiso dirigirse a los seguidores blanquillos, que volvieron a llenar La Romareda pese a la mala racha:
“Me duele por la gente. Nos empujan siempre, viajan, creen en nosotros. No podemos pedirles nada más.”
⚡ Conclusión
El Zaragoza de Gabi se hunde entre errores propios, frustración y dudas en defensa, mientras el técnico intenta contener una tormenta que ya apunta a vestuario. El mensaje es claro: la paciencia se agota, y las excusas también.







