El filial celeste firma una victoria de carácter, levantando un partido torcido y manteniéndose en la pomada del grupo. Hugo González encendió la mecha y Óscar Marcos remató una tarde de orgullo y ambición.
Un golpe temprano… y un despertar celeste de los que hacen equipo
El Román Suárez Puerta rugía y el Real Avilés salió enchufado, competitivo y con instinto asesino. No tardaron en golpear: un centro medido y Babin, con ese manual de central veterano, cabeceó a la red para firmar el 1-0. El Fortuna quedó frío, sin dominar el balón y sin encontrar el ritmo ante un Avilés que mandaba por fuera y cerraba muy bien por dentro.
Pero los de Fredi Álvarez tienen ADN de cantera: levantarse es casi obligatorio. Cuando peor pintaban las cosas, llegó la sacudida.
Hugo González aprieta el puño: un misil para cambiarlo todo
Minuto 37. Balón suelto, metros por delante y Hugo González que ve portería desde su casa. Golpeo seco, vuelo perfecto y el empate que entra como un jarro de agua fría en la grada asturiana. Ese 1-1 no era solo un gol: fue un aviso. El Fortuna pasó de estar contra las cuerdas a tomar la iniciativa, adelantando líneas y empujando sin miedo.
El descanso llegó justo cuando mejor estaba el filial.
Una segunda parte de resistencia… y un final de película
El Avilés trató de recuperar el mando, pero ya no era el mismo partido. El Fortuna, ordenado en la presión y valiente en las transiciones, fue madurando el duelo como quien sabe que tendrá una opción.
Y la tuvo.
Cuando el cronómetro agonizaba, una jugada profunda por la derecha acabó en los pies de Óscar Marcos. Control, temple y definición quirúrgica: 1-2 y explosión celeste en un estadio que no se lo creía. Una remontada de pico y pala, trabajada desde la fe.
Victoria de peso para seguir arriba
El Celta Fortuna suma tres puntos que valen oro y demuestra una vez más que compite como un veterano pese a su juventud. Reaccionó cuando tocaba, supo sufrir, y remató con la determinación de un equipo que quiere estar en lo más alto de la clasificación.
Los pupilos de Fredi Álvarez salen reforzados, con moral disparada y con la mirada puesta en el siguiente desafío. La dinámica es positiva… y la ambición, enorme.
El filial celeste sigue rugiendo.







