Los celestes merecieron más, pero el árbitro y la pegada local castigaron en un duelo eléctrico
Un inicio prometedor que ilusionó a Balaídos
El Celta arrancó con valentía en el Martínez Valero. Apenas a los cuatro minutos, Bryan Zaragoza tuvo el primero en sus botas en un mano a mano que levantó a los aficionados de sus asientos, aunque su disparo se marchó alto. El aviso estaba lanzado: los vigueses no habían viajado a Elche a especular.
Sin embargo, el destino fue cruel. André Silva adelantó a los franjiverdes en la primera clara que tuvieron. El golpe no hundió al Celta, porque apenas cuatro minutos después Borja Iglesias apareció como un depredador en el área para poner el 1-1 y devolver la fe a los suyos.
La polémica arbitral vuelve a perseguir al Celta
Con el empate en el marcador, el equipo gallego trató de asentarse, pero el protagonismo cambió de botas… y de silbato. Cuadra Fernández dejó sin sancionar varias entradas duras del Elche y encendió a los jugadores celestes con decisiones muy discutidas. La sensación de impotencia crecía en cada jugada dividida.
En la reanudación, Javi Rueda rozó el 1-2 en una acción que pudo cambiarlo todo. Pero lo que llegó fue un penalti contra el Celta. Rafa Mir erró desde los once metros, gracias a un paradón de Radu que mantuvo vivo el sueño visitante.
Gol que castiga y deja sin premio al esfuerzo vigués
El Celta resistía como podía y buscaba su momento, pero una acción embarullada en el área acabó en el 2-1 de John Chetauya. Un jarro de agua fría que los de Vigo no supieron digerir.
Aun así, los de Claudio Giráldez (ficticio para el ejemplo, si quieres cambiamos el nombre del míster) no se rindieron. Borja Iglesias peleó cada balón, Bryan Zaragoza buscó desequilibrar y el recién entrado Williot intentó dar frescura al ataque. Pero el tiempo volaba y las fuerzas se escapaban.
El Celta merece más respeto 🚨
Más allá del resultado, la imagen del Celta fue de equipo combativo, capaz de plantar cara a un rival que ahora presume de puestos Champions. Los celestes regresan de vacío, pero con la sensación de que fueron detalles –y decisiones arbitrales muy cuestionadas– los que marcaron la diferencia.
La afición viguesa clama justicia: el Celta juega, compite y merece estar mucho más arriba. El calendario no da tregua, pero el mensaje es claro: este equipo no se rinde.






