Balaídos pasó de la desesperación a la euforia en cuestión de segundos. El Girona ya acariciaba su primera victoria liguera, pero un penalti transformado por Borja Iglesias en el minuto 89 devolvió el alma al celtismo. El Celta, que dominó gran parte del partido, evitó una derrota injusta y firmó un empate con sabor a victoria.
💥 Un mazazo inesperado
El ambiente era eléctrico en Vigo. El Celta arrancó con ímpetu, empujado por su afición, pero el Girona golpeó primero. En la primera llegada clara, Vladyslav Vanat silenció Balaídos con un disparo seco y cruzado que dejó sin opciones a Radu (0-1, min. 12). El debutante ucraniano se presentaba en sociedad con un gol doloroso para los locales.
Lejos de venirse abajo, los de Claudio Giráldez reaccionaron con orgullo. Ferran Jutglà fue el más incisivo: movilidad constante, diagonales peligrosas y un par de remates que pusieron a prueba a Gazzaniga, convertido ya en héroe visitante. El primer tiempo se esfumó con ventaja catalana, pero con un Balaídos que no dejaba de alentar a los suyos.
🔥 Ola celeste tras el descanso
La segunda parte fue un auténtico monólogo del Celta. Con el Panda como referencia y un centro del campo más agresivo, los celestes embotellaron al Girona en su propio campo.
Jutglà volvió a tener el empate en sus botas nada más arrancar el segundo tiempo, pero Gazzaniga respondió con una estirada monumental. Ilaix lo intentó desde lejos (min. 81), Mingueza se sumó al ataque con valentía y el Panda peleó cada balón como si fuera el último. El Girona apenas respiraba con alguna contra aislada, desactivada siempre por un Radu atento y seguro.
⏳ El rugido del 89’
Cuando Balaídos parecía resignado a la derrota, llegó la jugada que lo cambió todo. Daley Blind cometió un penalti absurdo al derribar a un atacante celeste dentro del área. El árbitro señaló el punto fatídico y la grada estalló de esperanza.
Silencio absoluto. Borja Iglesias tomó la responsabilidad. Mirada fija, paso firme y disparo inapelable. Golazo. Explosión total en Balaídos. El Panda rescataba a los suyos con un empate que supo a triunfo y que se celebró como si fuese una victoria.
📝 Balaídos nunca se rinde
El pitido final dejó dos lecturas:
- El Girona se marchó hundido tras ver escapar lo que ya sentía suyo.
- El Celta, en cambio, ganó algo más que un punto: ganó confianza, moral y la certeza de que este equipo pelea hasta el último aliento.
Con un Panda en modo líder y una afición que nunca se rinde, Balaídos volvió a demostrar que es un estadio donde los milagros son posibles.






