El Anxo Carro entra en modo mercado con una decisión que condicionará todo el verano: elegir al técnico que debe reconstruir la ambición rojiblanca tras otro curso sin playoff y devolver al equipo a la pelea real por el ascenso a Segunda División.
El banquillo, la casilla de salida del nuevo Lugo
El CD Lugo ya ha puesto el balón en juego de cara a la temporada 2026-27. Y esta vez la primera jugada no pasa por un delantero, un central dominante o un mediocentro con mando. La prioridad está en el banquillo. El club rojiblanco entiende que la elección del nuevo entrenador será la piedra angular de un proyecto que nace con una obligación clara: competir desde agosto como un aspirante serio al ascenso.
La etapa de Álex Ortiz queda cerrada después de un tramo final en el que el técnico malagueño asumió el reto de reactivar al equipo tras la salida de Yago Iglesias. El objetivo era enganchar al Lugo a la zona noble, pero la reacción no alcanzó para meterse entre los cinco primeros. El conjunto albivermello terminó lejos del premio y ahora la dirección deportiva quiere evitar otro curso de volantazo, dudas y carrera a remolque.
El Lugo busca experiencia, mando y vestuario
La reflexión interna parece clara: el próximo entrenador no puede ser una apuesta a medio cocer. El club quiere un perfil con kilometraje en Primera Federación, conocimiento del barro competitivo y capacidad para fabricar un equipo fiable, no solo una colección de buenos nombres.
La categoría no perdona despistes. En Primera Federación se gana tanto con pizarra como con colmillo: campos incómodos, viajes trampa, partidos de marcador corto y una igualdad que convierte cualquier mala racha en un incendio. Por eso el Lugo busca un técnico que sepa manejar semanas largas, vestuarios exigentes y partidos que se deciden más por oficio que por brillo.
El mensaje que sale del Anxo Carro es prudente. No hay intención de correr más de la cuenta. Después de una temporada en la que el banquillo fue uno de los focos de inestabilidad, la entidad quiere hilar fino antes de anunciar al nuevo jefe de la caseta.
Onésimo, Pablo López y Raúl Llona: tres caminos distintos
Entre los nombres que aparecen sobre la mesa, Onésimo Sánchez encaja por experiencia y por conocimiento de la categoría. Ya estuvo en el radar rojiblanco durante el curso, aunque entonces el margen de maniobra era mínimo. Ahora el escenario sería diferente: pretemporada completa, mercado abierto y tiempo para implantar una idea desde el primer entrenamiento.
También aparece vinculado Pablo López, ex del Ourense CF y del Racing de Ferrol. Su nombre tiene lectura gallega y conocimiento del ecosistema competitivo del noroeste, aunque no sería una operación sencilla si otros clubes han avanzado posiciones por su contratación.
El tercer perfil, Raúl Llona, representa una opción de prestigio. Su trabajo en la Cultural Leonesa le dio cartel y eso, precisamente, encarece la jugada. Es el típico entrenador que gusta en varios despachos a la vez: experiencia reciente, ascenso en el currículum y una valoración alta en el mercado. Traducido al idioma del fútbol: mucha calidad, pero poca ganga.
Once jugadores con contrato y menos urgencias que otros veranos
La situación de plantilla permite al Lugo respirar algo más que en anteriores mercados. El club cuenta con una base de once futbolistas con contrato en vigor, un punto de partida que reduce la sensación de derribo total. No se trata de levantar un equipo desde cero, sino de acertar en las piezas diferenciales.
Esa estabilidad parcial cambia el orden de prioridades. Antes de llenar el vestuario, el Lugo quiere saber quién lo va a dirigir. El entrenador elegido tendrá peso en la planificación, en el tipo de futbolistas que se busquen y en el modelo competitivo que se quiera construir.
El error sería fichar primero y pensar después. En una categoría tan física, táctica y emocional como la Primera Federación, el plan debe ir por delante del nombre. El Lugo necesita una plantilla con piernas, pero también con una idea reconocible.
Un verano para recuperar credibilidad
El reto no es solo deportivo. También hay una cuestión de confianza. El Anxo Carro necesita volver a sentir que el equipo tiene dirección, ambición y una línea clara. La afición ha visto demasiados proyectos quedarse a medio camino y sabe que los ascensos no se anuncian en julio: se trabajan cada domingo.
La próxima decisión del club marcará el tono del verano. Un entrenador fuerte puede ordenar el mercado, elevar la exigencia y devolver al Lugo al grupo de candidatos. Una elección fallida, en cambio, obligaría otra vez a remar contra corriente antes incluso de Navidad.
El balón está ahora en el tejado de Ronald Baroni, Adrián Raguza y la dirección deportiva. El CD Lugo no busca solo un sustituto para Álex Ortiz. Busca al técnico que convierta una plantilla en equipo, un verano en proyecto y una ilusión en puntos.







