Guillermo Fernández Romo y su segundo, Elías Martí, no seguirán en el Racing de Ferrol tras una segunda vuelta que dejó al equipo sin impulso, sin continuidad y con demasiadas preguntas abiertas de cara a un verano clave para el proyecto verde
Otro volantazo en el banquillo verde
El Racing de Ferrol vuelve a empezar. Otra vez. El club confirmó la salida de Guillermo Fernández Romo y de su ayudante, Elías Martí, después de una etapa corta, incómoda y marcada por una segunda vuelta que no terminó de levantar el vuelo. La despedida llega tras finalizar su relación contractual con la entidad, pero el trasfondo va bastante más allá de una simple cuestión administrativa.
En Ferrol queda la sensación de que el equipo perdió el paso justo cuando la temporada pedía firmeza, colmillo y una idea reconocible. Romo llegó para enderezar el rumbo tras la etapa de Pablo López, pero el Racing acabó apagándose en el tramo decisivo, como esos equipos que llegan al área rival con buena intención pero sin remate.
La segunda vuelta dejó señalado el rumbo
El dato pesa como una losa en cualquier análisis. Con Pablo López, el Racing había sumado 30 puntos en la primera vuelta. Con Guillermo Fernández Romo, el equipo solo alcanzó 19 en la segunda mitad del campeonato. Esa diferencia no explica todo, pero sí retrata un descenso competitivo evidente.
No fue solo una cuestión de números. También hubo una pérdida progresiva de confianza, de autoridad en los partidos y de conexión con una grada que venía de acostumbrarse a ver a su equipo competir con otra energía. A Malata no exige fuegos artificiales cada domingo, pero sí reconoce enseguida cuándo un equipo muerde y cuándo juega con el freno de mano echado.
Y en esa segunda vuelta, demasiadas veces, el Racing pareció más preocupado por no caerse que convencido de poder mirar hacia arriba.
Una salida que apunta a algo más profundo
La marcha de Romo puede parecer el primer movimiento lógico del verano, pero sería un error convertirlo en el único diagnóstico. El Racing necesita algo más que cambiar la cara del banquillo. Necesita revisar el modelo, la plantilla, la dirección deportiva y el tipo de fútbol que quiere proponer.
El próximo entrenador no llegará a una pizarra en blanco, sino a un club con urgencia emocional. La afición quiere volver a creer, pero también quiere hechos. Quiere planificación, fichajes con sentido, un vestuario equilibrado y una identidad que no dependa de rachas, parches o golpes de inspiración.
En el fútbol gallego ya sabemos cómo va esto: cuando un proyecto transmite orden, la grada perdona tropiezos; cuando huele a improvisación, cada empate parece una derrota y cada derrota parece una auditoría popular.
El verano empieza con una decisión clave
El Racing entra ahora en semanas decisivas. La elección del nuevo técnico marcará el tono de la próxima temporada. No será un nombre cualquiera: será el encargado de reconstruir el ánimo de un equipo que terminó dejando más dudas que certezas.
El club necesita acertar con el perfil. Un entrenador que conozca la categoría, que sepa manejar vestuarios exigentes y que devuelva al equipo una idea clara: presión, competitividad, solidez y hambre. Porque A Malata puede aceptar tardes feas, campos complicados y partidos de pico y pala. Lo que no acepta tan bien es ver a su equipo sin alma.
A Malata espera respuestas
La salida de Guillermo Fernández Romo cierra una etapa breve y abre una pregunta mucho más incómoda: ¿qué Racing quiere construir el club a partir de ahora?
El comunicado oficial despide al técnico con corrección y agradecimiento, como manda el protocolo. Pero el fútbol vive menos de comunicados que de sensaciones. Y la sensación general es que el Racing llega al verano obligado a reaccionar.
La pelota pasa ahora a los despachos. Y esta vez no basta con despejarla a la grada: toca jugarla limpia, levantar la cabeza y acertar el pase.







