El técnico del Racing de Ferrol, Romo, compareció tras la dura goleada encajada ante el Real Madrid Castilla con un mensaje claro, directo y sin escudos: asume toda la responsabilidad del resultado, reconoce la mala dinámica del equipo y lanza un aviso serio sobre la situación clasificatoria, que ya obliga a mirar más hacia abajo que hacia arriba.
“No hay explicación: el responsable soy yo”
Romo no buscó atajos en su análisis. El entrenador verdiblanco fue tajante al valorar el encuentro, reconociendo que el partido se escapó desde muy pronto y que todo lo que podía salir mal, acabó ocurriendo en su propia portería.
El técnico insistió en que, en escenarios así, no hay margen para matices ni excusas: el equipo fue superado y él, como máximo responsable, asume tanto los errores como cualquier acierto del grupo. Un discurso de autocrítica total que evidencia la gravedad del momento.
Una dinámica que pesa como una losa
Más allá del resultado puntual, Romo puso el foco en el contexto. El Racing atraviesa una racha negativa en la que cada golpe parece multiplicarse. Según explicó, cuando un equipo entra en este tipo de espirales, el aspecto mental juega un papel determinante.
El entrenador subrayó que no se trata de falta de compromiso ni de actitud, sino de un cúmulo de circunstancias que van minando la confianza colectiva. Un bucle del que solo se sale, en sus palabras, trabajando y compitiendo mejor.
“Ahora toca levantarse y entrenar”
Lejos de promesas vacías, Romo apeló al trabajo como única vía de escape. El mensaje hacia dentro del vestuario fue claro: no queda otra que levantarse, entrenar y preparar el siguiente partido con máxima exigencia.
El técnico dejó entrever que sigue creyendo en el grupo, destacando la implicación de los jugadores pese al golpe recibido. Para él, la reacción no pasa por el discurso, sino por los hechos sobre el césped.
De pelear arriba a mirar con preocupación hacia abajo
Uno de los momentos más significativos de su comparecencia llegó al analizar la clasificación. Romo admitió que el escenario ha cambiado y que el equipo debe empezar a vigilar la zona baja.
Con varios rivales recortando distancias, el margen de error se reduce al mínimo. El objetivo sigue existiendo, pero el contexto obliga a un cambio de enfoque inmediato.
Sin hablar de dimisión, pero con máxima exigencia
Cuestionado sobre su futuro, Romo evitó dramatismos, aunque no esquivó la presión. Recordó que restan seis jornadas en las que aún hay mucho en juego y dejó claro que su intención es seguir peleando por revertir la situación.
Eso sí, el mensaje fue implícito: el crédito se gana en el campo. Y en un momento así, cada partido se convierte en una final.
Orgullo tocado y obligación de reacción inmediata
Romo también tuvo palabras para la afición, consciente del enfado tras una derrota tan contundente. Reconoció el malestar general, pero defendió el valor del grupo y su trayectoria.
Ahora, el Racing se enfrenta a un reto mayúsculo: recuperar sensaciones y resultados en tiempo récord. Porque en este tramo final, no hay margen para lamentos. Solo para competir… o caer.







