El Celta ha puesto en marcha una amplia operación para proteger el joven núcleo sobre el que quiere construir su futuro. Javi Rodríguez y Miguel Román son los casos más avanzados, con nuevos contratos hasta 2030 sobre la mesa, mientras Hugo Álvarez también ocupa un lugar prioritario en la agenda.
El plan se extiende a Hugo Burcio y Andrés Antañón, dos de los jóvenes que ya se mueven entre la estructura del Fortuna y la dinámica del primer equipo. El contraste llega con Carl Starfelt: su contrato termina el próximo 30 de junio y su continuidad sigue sin resolverse.
Javi Rodríguez y Miguel Román, los primeros
Ambos tienen contrato hasta 2028, pero la entidad quiere adelantarse y asegurar cuanto antes a dos futbolistas que ya forman parte del presente del primer equipo. La intención es extender sus acuerdos hasta 2030 y adaptar las condiciones al peso que han ganado dentro de la plantilla.
Los dos han dejado atrás la etiqueta de promesas de A Madroa. Esta temporada Miguel Román luce el dorsal 8 y Javi Rodríguez el 20, un detalle que dice bastante del espacio que ocupan en el equipo de Giráldez. Blindarlos ahora permitiría asegurar durante cuatro cursos más a dos jugadores de la casa y evitar que sus contratos entren en la fase delicada justo cuando su protagonismo crece.

Hugo Álvarez, otra prioridad
El atacante forma parte del mismo plan. Tiene contrato hasta 2028 y el club también trabaja para ampliar su vinculación, después de un crecimiento dentro del primer equipo que lo ha convertido en otra pieza a proteger a largo plazo. El pasado 19 de septiembre incluso lució por primera vez el brazalete de capitán ante el Racing de Santander.
La estrategia no acaba ahí. Hugo Burcio y Andrés Antañón también aparecen en la planificación contractual: el primero luce esta temporada el dorsal 30 y el segundo el 28, y ambos representan el siguiente escalón de una política que pretende asegurar el talento antes incluso de que complete su salto definitivo. No son renovaciones sueltas. Es una generación entera.
A Madroa, columna vertebral
La campaña de renovaciones confirma una evolución en la política deportiva celeste. A Madroa ya no funciona solo como vía para completar la primera plantilla: el objetivo es que los futbolistas formados en casa ocupen posiciones cada vez más importantes y sigan vinculados durante sus principales años de crecimiento.
El club, además, conservó margen dentro de su límite de plantilla tras el mercado de verano para poder afrontar este tipo de operaciones. La estrategia combina así dos objetivos, mantener la continuidad deportiva y proteger el valor de unos jugadores que han ido ganando peso, actuando antes de que los contratos entren en sus últimos años.
Starfelt juega con otro reloj
El escenario del sueco es distinto. Termina contrato el 30 de junio de 2027 y su futuro exige una resolución mucho más cercana que la de los jóvenes sobre los que se construye el proyecto.
Starfelt confirmó que ha habido conversaciones entre su representante y el club, aunque su continuidad sigue sin cerrarse. «Es demasiado pronto para responder», explicó recientemente al ser preguntado por una posible renovación, y dejó claro que está centrado en la temporada. El calendario, eso sí, manda: si no firma antes, desde enero podrá negociar con otros clubes de cara al próximo curso.

Dos velocidades para el próximo Celta
La agenda contractual celeste muestra dos horizontes bien diferenciados. Javi Rodríguez y Miguel Román apuntan a 2030, Hugo Álvarez figura entre las prioridades y Burcio y Antañón representan la generación siguiente. Starfelt, en cambio, encara los últimos meses de su vínculo sin nada definido.
El camino para lo de casa ya está elegido: convertir A Madroa en parte estable de la columna vertebral y protegerla con contratos largos. Ilusiona, sí, pero queda lo otro por resolver, qué papel tendrán en ese proyecto los futbolistas de mayor experiencia mientras el club mira hacia 2030.








