El conjunto vigués enfrenta el tramo decisivo de LaLiga con un bloque mermado por lesiones y una racha de bajo rendimiento de piezas clave, justo cuando más las necesita Claudio Giráldez para mantener viva la pelea por Europa
Una recta final que exige el mejor Celta… y no está disponible
El calendario no perdona. Seis jornadas, tres desplazamientos de alto voltaje y tres citas en Balaídos separan al Celta de Vigo del cierre de una temporada histórica en términos de partidos disputados. Con 49 encuentros oficiales en las piernas y la vista puesta en una segunda clasificación europea consecutiva, el equipo de Claudio Giráldez se adentra en la fase más exigente del curso con serias dudas sobre su potencial real.
Las visitas a Villarreal, Atlético de Madrid y Athletic Club, más las recepciones a Elche, Levante y Sevilla, conforman un cuadro de rivales que exige el máximo nivel colectivo. El problema es que ese nivel está comprometido.
Starfelt, la baja que más duele
Si hay un nombre que explica buena parte de la fragilidad defensiva reciente del Celta, ese es Carl Starfelt. El central sueco, eje vertebral de la zaga celeste, arrastra desde hace semanas una lumbalgia que se agravó tras disputar los partidos de repesca mundialista con su selección. Su ausencia se ha extendido ya a seis compromisos ligueros y el balance sin él es devastador: dieciséis goles encajados.
La dependencia del equipo de Giráldez de su defensa titular queda en evidencia con esas cifras. Sin Starfelt, la línea defensiva pierde solidez, criterio y liderazgo. Y lo peor: no hay fecha de vuelta.
El coste de las bajas y las decepciones de invierno
A la baja del escandinavo se suma el adiós definitivo de Miguel Román, lesionado en el pie hace casi dos meses. En el centro del campo, Matías Vecino, fichado en enero procedente del Lazio, ha generado más expectativas que certezas. Tras brillar en la victoria ante el Olympique de Lyon en la Europa League, el uruguayo encadena ausencias por lesión y apenas ha aportado continuidad al doble pivote céltico.
Carlos Domínguez, canterano que en temporadas anteriores superaba los veinte partidos de Liga, ha quedado reducido a un rol casi testimonial: solo ocho apariciones en el campeonato doméstico y más de un mes sin jugar desde el bochornoso partido ante el Alavés, cuando el equipo dejó escapar un 3-0 en Balaídos.
Álvaro Núñez, otro fichaje invernal, llegó condicionado por problemas de pubalgia. Giráldez lo ha usado en tres ocasiones y nunca en su posición natural, el carril derecho, donde destacó como uno de los laterales revelación de la temporada en el Elche. Su integración sigue siendo una asignatura pendiente.
Sotelo y Borja Iglesias, en busca del nivel perdido
El Celta necesita recuperar a dos futbolistas que arrancaron la temporada como referencias y ahora atraviesan su peor momento. Hugo Sotelo, el mediocentro canterano que comenzó el curso como titular con galones de promesa consolidada, ha regresado paulatinamente a un rol secundario. Su técnica no se discute, pero su aportación defensiva ha dejado mucho que desear en una posición que exige tanto trabajo sin balón como manejo de él.
El caso de Borja Iglesias es quizá el más llamativo. El delantero compostelano, máximo realizador del equipo esta temporada, encadena más de un mes sin ver portería. Ante el Barcelona fue suplente y apenas rozó el balón en los veinte minutos que disputó. El año pasado superó un bache similar para cerrar la campaña como uno de los mejores '9' de LaLiga. El Celta necesita que esa reacción llegue antes, y no después.
El Camp Nou como laboratorio de urgencias
El partido del miércoles en el Camp Nou, con siete futbolistas del filial en el once inicial, fue tanto una muestra de las rotaciones planificadas de Giráldez como un termómetro de la situación real de la plantilla. Cuando el técnico vigués se ve obligado a alinear a tantos jóvenes ante el Barcelona no es solo por gestión de cargas: es porque las alternativas de garantías están mermadas.
Con 55 partidos oficiales en el horizonte al cierre del curso —tercer registro más alto de la historia del club— la gestión física y anímica del vestuario será tan determinante como el nivel técnico colectivo.






