El Deportivo volvió a comportarse como un equipo de oficio, personalidad y ambición en la Copa del Rey. Los blanquiazules asaltaron la Nova Creu Alta con un partido de enorme sobriedad, golpearon cuando tocaba y sellaron un triunfo que les devuelve a los dieciseisavos catorce años después. Herrera y Rubén López rubricaron una victoria que consolida la evolución del bloque de Hidalgo, respaldado por una afición que volvió a sonar como si Riazor viajara en masa.
Un Dépor serio, paciente y dueño del ritmo
El arranque fue un intercambio de golpes sin precisión, con ambos equipos incómodos ante la presión rival. El Sabadell cargó con energía su lado derecho, pero el Dépor se asentó pronto gracias a la jerarquía de Noubi, los desmarques de Herrera y las conducciones limpias de Eddahchouri.
Las primeras ocasiones claras llevaron sello blanquiazul. Cristian Herrera avisó con un disparo cruzado que obligó a Fuoli a estirarse y Fabi rozó el 0-1 con un toque colocado que salió lamiendo el poste. Los locales respondieron en segundas jugadas, pero Eric Puerto, titular en Copa, mantuvo el temple cuando el duelo se ensuciaba cerca de su área.
Al descanso, el 0-0 reflejaba un partido igualado… pero también la sensación de que el Dépor era quien manejaba la brújula.
Loureiro rompe el partido y Herrera lo certifica
La segunda parte arrancó con un Sabadell más agresivo, aunque sin precisión final. El Dépor no se agitó: esperó su momento y lo encontró con una acción marca de la casa. Loureiro, que completó una actuación sobresaliente en ambas áreas, robó, avanzó, seleccionó el pase y puso un centro medido para que Cristian Herrera, apareciendo como un ‘9’ puro en el segundo palo, cabeceara el 0-1.
El tanto derrumbó el fortín arlequinado, que aún no había encajado como local en toda la temporada. El Sabadell estiró líneas, Ferrán Costa agitó el banquillo, pero la zaga blanquiazul mantuvo un orden impecable.
Rubén López sentencia y los canteranos reclaman foco
Con el cuadro catalán volcado, Herrera devolvió la cortesía con una asistencia al espacio que Rubén López transformó en el 0-2 tras una carrera al límite. El golpe final dejó definitivamente sin respuesta al Sabadell, que ya transitaba sin convicción.
Los cambios de Hidalgo dieron oxígeno y algo más: el debut de Bil Nsongo y la entrada de Mella agitaron el tramo final e incluso rozaron el tercero. El Dépor, lejos de especular, buscó con ambición una sentencia mayor.
Una clasificación que huele a algo más
El pitido final deja un mensaje claro: este Dépor quiere competir con todo. Pasa a dieciseisavos con autoridad, recupera sensaciones y se gana un rival de Primera División en la siguiente ronda. La afición, masiva y ruidosa en la Nova Creu Alta, firmó otra actuación estelar.
La Copa no es un trámite. No para este equipo. Y menos para un escudo que vuelve a creer.







