El Deportivo está de vuelta en Primera, y eso es una fiesta. Pero el ascenso no solo reparte ilusión: también le pone precio a los mejores. Lo que en Segunda era una base competitiva, en LaLiga se convierte en escaparate. Y el escaparate atrae compradores.
Por eso el primer gran reto del cuadro coruñés no está únicamente en fichar. Está en evitar que el mercado le rompa el núcleo que devolvió al club a la élite.
El precio del ascenso
El regreso llega cargado de simbolismo: la entidad blanquiazul vuelve a la máxima categoría en el año de su 120 aniversario. Pero la emoción de Riazor convive con una realidad incómoda. Todo futbolista que destaca en un recién ascendido entra automáticamente en el radar de otros clubes.
El Dépor necesita refuerzos para competir en Primera, eso es evidente. Su verano, sin embargo, no puede medirse solo por los jugadores que lleguen: también debe medirse por los que consiga retener. Antonio Hidalgo ha construido un bloque reconocible, con futbolistas que no solo produjeron números, sino que dieron identidad al equipo. Yeremay Hernández, Mario Soriano, Adrià Altimira, Lucas Noubi, Luismi Cruz y Giacomo Quagliata forman esa columna. Perder una o varias piezas ahora obligaría a reconstruir justo cuando el club necesita estabilidad.
Yeremay, el símbolo señalado
El caso de Yeremay Hernández resume el nuevo escenario. El extremo cerró la temporada 2025/26 con 39 partidos, 11 goles y 10 asistencias, y no fue solo el jugador más desequilibrante del equipo: fue el futbolista que convirtió muchas tardes de Riazor en algo distinto. Una joya de la casa.
Su renovación hasta 2030, con opción de tres temporadas más, fue una de las mejores noticias institucionales del curso. El propio Yeremay dejó una frase que en A Coruña se leyó casi como una promesa: “Como non me vou a quedar? Claro que quedo”.
Sobre el papel tranquiliza; el problema es que el fútbol rara vez se detiene en una frase. Su nombre ya ha aparecido relacionado con clubes como Sporting CP, Benfica o Como, y el ascenso eleva todavía más su exposición. La cláusula de 140 millones tras el regreso a Primera protege al club, aunque no elimina el ruido. Aquí pesa siempre la gravedad del dinero grande: el que se nos lleva a los nuestros.
La clave no es solo resistir ofertas. Es ofrecerle a Yeremay un contexto en el que quedarse tenga sentido deportivo. Si el proyecto de Primera gira a su alrededor, Riazor puede ser mucho más que una vitrina: puede ser su escenario natural de crecimiento.

Soriano y Altimira, el valor de no improvisar
El Deportivo no solo debe proteger a su jugador más mediático. También tiene que cuidar a quienes hacen que el equipo funcione, y ahí Mario Soriano fue determinante. Sus 45 partidos, 6 goles y 8 asistencias explican una parte de su peso, pero no toda. Su importancia está en la conexión: recibir entre líneas, ordenar ataques, dar continuidad y evitar que el equipo viva solo de impulsos.
Por eso la entidad ya se mueve para ampliar su contrato hasta 2030. Su vínculo actual llega hasta 2028, con un año opcional, y la cláusula subió de 20 a 40 millones con el ascenso. No es casualidad: en Primera, un jugador capaz de sostener ritmo y sentido puede ser tan decisivo como un goleador.
Algo parecido ocurre con Adrià Altimira, aunque desde otro perfil. Llegó en enero desde el Villarreal y en pocos meses se ganó una renovación hasta 2029. Sus 23 partidos, 1 gol y 5 asistencias muestran una adaptación rápida y útil. Altimira es una pista de lo que el Dépor debe hacer en el mercado: encontrar jugadores con hambre, margen y encaje real. No todos los fichajes tienen que ser nombres de impacto. Algunos, como él, se convierten en patrimonio porque entienden rápido lo que el equipo necesita.
Noubi, Luismi y Quagliata: la profundidad del proyecto
Lucas Noubi es uno de los casos más delicados de la plantilla, no porque haya una salida inminente sobre la mesa, sino porque su perfil invita a mirar más allá de la próxima temporada. Tiene 21 años, contrato hasta 2029, 32 partidos en el curso del ascenso y condiciones físicas para crecer mucho si el salto a Primera no lo quema antes de tiempo. El club debe protegerlo con estructura, no solo con contrato: un central joven en LaLiga necesita competencia, minutos bien gestionados y un equipo que no lo deje expuesto cada semana. Si el Dépor acierta, Noubi puede pasar de promesa útil a activo estratégico.
La profundidad también aparece en nombres con menos foco mediático. Luismi Cruz terminó con 43 partidos, 3 goles y 11 asistencias, una producción muy valiosa para un futbolista de banda. En una categoría donde los recién ascendidos suelen sufrir para generar ocasiones, mantener a un jugador capaz de asistir con regularidad no es un detalle menor.
Giacomo Quagliata aporta otra cosa: volumen, recorrido y adaptación táctica. Sus 40 partidos, 2 goles y 1 asistencia reflejan continuidad. Además, su contrato hasta 2028 y su capacidad para actuar como lateral o carrilero le dan a Hidalgo una pieza importante para alternar sistemas. Ni Luismi ni Quagliata concentran el ruido de Yeremay, pero un recién ascendido no sobrevive solo con su estrella. Sobrevive con una plantilla que no se rompe por los costados, que tiene soluciones y que no depende de once nombres fijos.

Fichar sin borrar lo que ya funciona
El Deportivo tendrá que reforzarse. Primera exige más nivel en las áreas, más físico, más experiencia y más banquillo. Pero el mercado debe servir para elevar el techo del equipo, no para desmontar el suelo que ya existe.
Ese es el punto diferencial del verano blanquiazul. Muchos recién ascendidos cometen el error de cambiar demasiado rápido, seducidos por nombres que conocen la categoría pero que no siempre encajan en la identidad construida: no es oro todo lo que reluce. El Dépor no puede permitirse ese lujo. La base ya tiene roles claros: Yeremay desequilibra, Soriano conecta, Altimira acelera por fuera, Noubi ofrece futuro en defensa, Luismi produce en el último pase y Quagliata da continuidad en banda. A partir de ahí, los fichajes deben complementar, no sustituir por sistema. El regreso a Primera no obliga al club a olvidar lo que fue en Segunda. Le obliga a hacerlo mejor.
La primera permanencia se juega en los despachos
Antes de sumar el primer punto en LaLiga, el Dépor ya disputa una parte de su permanencia. La juega en renovaciones, cláusulas, mensajes al vestuario y decisiones de mercado. El mensaje es claro: si el club consigue retener a sus líderes y añadir piezas que eleven la competencia, llegará a Primera con una ventaja enorme, una identidad ya construida. Si pierde parte de ese núcleo, el ascenso puede convertirse en una reconstrucción acelerada.
El fichaje más importante del Deportivo este verano quizá no llegue de fuera. Puede que ya esté en Abegondo. Puede que ya haya celebrado en Riazor. Puede que ya haya demostrado que este equipo no necesitaba empezar de cero para volver a creer.








