El Deportivo ha vuelto a Primera, pero el vestuario de la fiesta y el vestuario que va a competir ya no son el mismo. Antes del primer entrenamiento serio en Abegondo, los blanquiazules dejan claro el cambio de época: fichajes caros, salidas necesarias y cero margen para la nostalgia.
La criba de los que ya no encajan
La primera señal llega con las salidas oficiales. Sergio Escudero, Cristian Herrera, Juan Diego Molina "Stoichkov", Samuele Mulattieri y José Gragera no continúan en el Deportivo. No son nombres menores: formaron parte del grupo que devolvió al club a la máxima categoría. El propio club los despide con una frase que suena a homenaje y a cierre a la vez: "formaron parte de un vestuario que supo creer, competir y superar cada desafío". Bonita, sí, pero también definitiva. En Riazor ya no basta con haber ayudado a subir. Ahora hay que encajar en el siguiente nivel.
Leo Román, la ambición hecha guardameta
El caso Leo Román es el golpe del verano. La operación apunta a un pago de 9 millones de euros por su cláusula y un contrato de cinco temporadas, hasta 2031. Es mucho más que fichar un portero: es un mensaje. El Deportivo pudo tirar de cesión, de veterano libre o de solución barata, y en cambio va a por un guardameta de 25 años con experiencia en Primera, contrato largo y margen de crecimiento.
Eso mueve toda la jerarquía de golpe. Álvaro Ferllo, importante en el curso del ascenso, pasa a tener competencia directa. Germán Parreño, renovado hasta 2028, sigue como figura de vestuario y alternativa fiable. Eric Puerto, con este escenario, se queda prácticamente sin espacio. La portería resume el verano del Dépor: nadie tiene el sitio garantizado.
Chacón, Patiño y los contratos que pesan
Luis Chacón es el caso más claro de venta inteligente. Viene de ser referencia en la Cultural Leonesa, con 8 goles en Segunda, y tiene mercado: Valladolid y Leganés se han movido por él, con la operación situada alrededor del medio millón de euros y el jugador viendo con buenos ojos el proyecto pucelano. La pregunta no es si Chacón tiene fútbol. Lo tiene. La pregunta es si tiene sitio real en un Deportivo de Primera con Yeremay, Mella, Mario Soriano, Luismi Cruz y más competencia por delante. Ahí Fernando Soriano tiene una decisión incómoda pero lógica: si un jugador no entra en el plan inmediato y su valor ha subido, el momento de vender es ahora.
Charlie Patiño es el nombre más delicado de toda la operación. Tiene 22 años, contrato hasta 2028, pasado en el Arsenal y experiencia en la Championship con Blackpool y Swansea, donde firmó 67 partidos, 5 goles y 8 asistencias antes de llegar a A Coruña. Sobre el papel es un activo. En la práctica, Primera exige otra cosa: continuidad, físico y fiabilidad inmediata. Por eso el club debe manejarlo con cuidado: una mala venta sería perder valor; una mala permanencia, bloquear al jugador. Patiño no es un descarte cualquiera. Es una inversión que todavía necesita sentido deportivo.
Mohamed Bouldini, con contrato hasta 2028 y a punto de cumplir 31 años, vuelve tras su cesión en el Granada. Álex Petxarroman regresa después de jugar cedido en el FC Andorra. Ninguno de los dos hace ruido, pero los dos explican el problema menos vistoso del verano: el Dépor no solo necesita incorporar, necesita liberar. El ascenso convierte algunos contratos largos en activos... y otros en obstáculos.
Gijselhart y la lista de Abegondo
Teun Gijselhart es la otra cara del plan. Menos ruido que Leo Román, pero no menos significado: el centrocampista neerlandés, nacido en 2005, firma hasta junio de 2030. Es una apuesta de desarrollo, no un parche. Román es el golpe de autoridad; Gijselhart, la inversión paciente.
La convocatoria para arrancar la pretemporada puede decir más que cualquier rueda de prensa. Quien no aparezca tendrá medio pie fuera. Quien aparezca sabiendo que no cuenta empezará el verano en sala de espera. Y quien llegue como fichaje nuevo entenderá rápido que el Dépor ha cambiado de escala. Fernando Soriano tiene por delante el trabajo menos agradecido del fútbol: convertir una plantilla querida en una plantilla competitiva. Y eso, en Riazor, ya se sabe: implica despedidas.
El regreso a Primera no se sostiene con emoción, se sostiene con decisiones frías. Leo Román marca la ambición, Chacón puede dejar dinero en caja, Patiño obliga a pensar bien, Bouldini y Petxarroman recuerdan que los contratos también condicionan. Riazor puede mirar atrás con orgullo. El club, en cambio, ya está obligado a mirar hacia delante, porque en Primera no se compite con gratitud: se compite con nivel.








