El Racing de Ferrol encara el cierre de temporada con más preguntas que certezas, y una de ellas apunta directamente a Jairo Noriega. El mediapunta cedido por el Deportivo llegó a A Malata como una apuesta de futuro, con cartel de talento formado en Abegondo y margen para crecer en Primera Federación, pero su curso se ha ido apagando al mismo ritmo que el proyecto verde. Dos goles, una asistencia y una influencia menor de la esperada resumen una etapa que parece próxima a bajar el telón.
Una apuesta que no cambió el guion del Racing
El fichaje de Jairo Noriega tenía sentido sobre el papel. Futbolista joven, zurdo, con buen pie entre líneas y experiencia reciente en la categoría tras su paso por el Ourense CF. Además, el contexto de su llegada invitaba al optimismo: el Deportivo lo había renovado antes de cederlo, señal de que en Riazor seguían viendo recorrido en el jugador.
Pero el fútbol no se juega en el papel, se juega los domingos. Y ahí, el Racing nunca encontró una versión estable ni de equipo ni de futbolista. Jairo empezó con protagonismo, tuvo minutos, continuidad y confianza, especialmente durante la primera vuelta con Pablo López, pero su rendimiento fue perdiendo filo competitivo con el paso de las jornadas.
En una plantilla diseñada para mirar hacia arriba, su aportación ofensiva quedó muy lejos de lo que necesita un equipo que pretende dominar partidos, romper defensas cerradas y fabricar goles desde la segunda línea.
Dos goles para demasiados minutos
Los números no lo explican todo, pero en este caso sí ayudan a entender la sensación general. Jairo ha disputado 2.137 minutos con el Racing, con dos goles y una asistencia. Para un jugador utilizado en zonas de creación, mediapunta o incluso interior, la producción se queda corta.
Su primer gol llegó en el arranque liguero ante la Ponferradina, una diana que pareció abrir una historia prometedora. Sin embargo, aquello terminó siendo más espejismo que punto de partida. El segundo tanto no apareció hasta la jornada 27, frente al Cacereño en A Malata.
Demasiado espacio entre una alegría y otra. Demasiado poco colmillo para un equipo necesitado de soluciones.
Ni mediapunta decisivo ni mediocentro dominante
El Racing probó con Jairo en diferentes alturas del campo. En la mediapunta debía aportar último pase, llegada y claridad cerca del área. Más retrasado, se buscaba que ayudase en la circulación y diese pausa al equipo. En ninguna de las dos versiones terminó de agarrar el partido por la pechera.
No fue un problema exclusivamente individual. El Racing ha sido un equipo sin continuidad, con dudas estructurales, cambios de entrenador y una idea futbolística poco reconocible durante demasiados tramos del campeonato. Primero Pablo López y después Guillermo Fernández Romo no lograron convertir una plantilla con nombres importantes en un bloque fiable.
Y cuando el colectivo no fluye, los jugadores de talento suelen pagar peaje. A Jairo le faltó impacto, pero también le faltó ecosistema.
El Deportivo mira de reojo una cesión que deja deberes
Para el Deportivo, esta cesión también deja una lectura incómoda. El club coruñés envió a Jairo a Ferrol para acumular minutos, madurar en una categoría exigente y regresar con más empaque competitivo. Minutos ha tenido. Lo que no ha terminado de aparecer es ese salto de autoridad que marca la diferencia entre promesa interesante y futbolista preparado para discutir un sitio arriba.
El mediapunta sigue teniendo edad, condiciones y margen. Pero su curso en A Malata obliga a ajustar expectativas. En Ferrol no ha conseguido convertirse en ese jugador capaz de cambiar ritmos, desbloquear partidos o liderar desde tres cuartos. Y eso, en un contexto de máxima exigencia, pesa.
Un cierre de curso con aroma a despedida
A falta del tramo final de competición, Jairo Noriega encara sus últimos minutos como racinguista con una sensación difícil de maquillar. Su cesión no será recordada como una de esas operaciones que ganan partidos, disparan valores de mercado y dejan al club receptor pidiendo otra temporada más.
El Racing, además, se prepara para un verano de mucho bisturí. La dirección deportiva tendrá que revisar una plantilla que no estuvo a la altura de las expectativas y decidir qué piezas encajan en el próximo proyecto. En ese análisis, los cedidos aparecen en primera línea.
Jairo llegó con ilusión, tuvo campo para demostrar y se marcha —salvo giro inesperado— con una etiqueta incómoda: la de oportunidad aprovechada solo a medias. En A Malata esperaban un agitador. Acabaron viendo a un futbolista intermitente dentro de un equipo que, como tantas veces este curso, jugó más con el freno de mano que con el cuchillo entre los dientes.







