El recibo: 1.900 euros por partido
Cada encuentro de Segunda Federación tendría un coste arbitral de 1.900 euros para los clubes. No hablamos de una multa, ni de una sanción, ni de un gasto extraordinario: es el recibo ordinario asociado al arbitraje de cada partido.
El desglose publicado es el siguiente:
1.295 euros para la Federación
220 euros para el árbitro principal
125 euros para cada árbitro asistente, dos en total
80 euros para el informador
55 euros destinados al órgano arbitral
Sin cuarto árbitro, salvo en partidos de playoff
La cifra no es menor. En una categoría en la que muchos clubes ajustan presupuesto al céntimo, cada jornada como local supone un peaje importante antes incluso de que ruede el balón.
Solo 220 euros para el árbitro principal
Uno de los datos que más llama la atención es el reparto. De los 1.900 euros que paga el club, el árbitro principal percibiría 220 euros. Los dos asistentes cobrarían 125 euros cada uno, por lo que el trío arbitral de campo sumaría 470 euros.
Ahí está el córner del debate. El club paga una cantidad elevada para su economía, pero el árbitro que dirige el partido, soporta la presión, toma las decisiones y firma el acta no recibe la mayor parte del recibo.
El resto de la cantidad se reparte entre Federación, informador y órgano arbitral. La parte más alta, según el desglose publicado, corresponde a la Federación: 1.295 euros.
Una factura que pesa en el fútbol modesto
Para hacerse una idea del impacto, un equipo que dispute 17 partidos como local en fase regular tendría un gasto aproximado de 32.300 euros solo en este concepto.
En Segunda Federación, esa cantidad puede equivaler a una ficha importante, a varios desplazamientos largos o a una parte relevante del presupuesto de cantera. No es calderilla. Es una partida fija que los clubes tienen que asumir dentro de una competición cada vez más exigente.
Y en el fútbol modesto, ya se sabe: cuando aprieta la caja, cada euro cuenta como un gol en el descuento.
El cuarto árbitro, solo para el playoff
Otro detalle relevante es que no habría cuarto árbitro durante la liga regular. Su presencia quedaría reservada para los partidos de playoff, donde la competición refuerza el equipo arbitral por la trascendencia de los encuentros.
La medida reduce costes durante la temporada, pero también marca la diferencia entre la fase regular y las eliminatorias decisivas. En los partidos donde se juega el ascenso o la permanencia, la estructura arbitral se amplía.
El debate: cuánto cuesta competir
El dato reabre una conversación habitual en las categorías no profesionales: el coste real de competir. La Segunda Federación exige viajes, licencias, seguridad, estructura administrativa, cuerpo técnico, plantilla competitiva y gastos federativos. A todo eso se suma la factura arbitral.
El problema no es que el arbitraje tenga un coste. Lo tiene, como cualquier servicio esencial para que la competición funcione. La cuestión es si el modelo económico está suficientemente adaptado a clubes que, en muchos casos, viven de socios, patrocinadores locales, pequeñas taquillas y mucho voluntarismo.
La Segunda Federación quiere parecerse cada vez más al fútbol profesional en exigencias, pero buena parte de sus clubes siguen sosteniéndose con músculo de fútbol de cercanía.
Un asunto que también mira Galicia
El debate toca de lleno al fútbol gallego. Clubes de la comunidad que compiten o aspiran a competir en Segunda Federación deben tener en cuenta este tipo de costes dentro de sus presupuestos. No solo se trata de fichar bien, acertar con el entrenador o llenar el campo. También hay que cuadrar una hoja de gastos que, jornada a jornada, puede hacerse cuesta arriba.
Porque el ascenso deportivo muchas veces trae una alegría inmediata, pero también una factura más exigente. Y en categorías como esta, la planificación económica puede ser tan importante como tener un nueve que las enchufe.
La pregunta queda servida
¿Sabes cuánto pagan los clubes por el arbitraje en Segunda Federación? Según este desglose, 1.900 euros por partido.
La cifra pone sobre la mesa un debate incómodo pero necesario: cuánto cuesta sostener la competición, cómo se reparte ese dinero y qué margen real tienen los clubes modestos para sobrevivir en un fútbol cada vez más caro.
En el campo, el árbitro siempre está en el foco por un penalti, una roja o un fuera de juego. Esta vez, el foco no está en el silbato. Está en la factura.







