El Celta cayó en Bulgaria después de un arranque tibio que dejó el partido cuesta arriba demasiado pronto. Los celestes reaccionaron tarde, a golpe de orgullo y calidad, pero el arreón final no bastó para neutralizar el hat-trick de Stanic ni para sostener su impulso en el grupo. La Europa League no perdona las siestas.
Un Celta irreconocible en el arranque: golpe al mentón a los 9 minutos
Giráldez sorprendió con una alineación casi experimental y el equipo lo acusó desde el primer toque. El Ludogorets salió con marcha larga, vertical, y sin contemplaciones: a los nueve minutos, Manu Fernández derribó a Caio Vidal dentro del área y Stanic transformó el penalti con sangre fría. Era el 1-0 y, para lo que estaba por venir, solo el prólogo.
Los búlgaros olieron sangre y atacaron cada metro a la espalda de una defensa celeste superada en velocidad. El Celta apenas conectó dos pases con criterio en la primera media hora y solo un cabezazo centrado de Ilaix Moriba rompió la monotonía ofensiva.
Antes del descanso, señales de vida… pero sin puntería
Con el Ludogorets instalado en campo contrario, un error de Yoel Lago casi acaba en el segundo, pero Caio Vidal perdonó. Ese susto despertó al Celta, que por fin enlazó una buena circulación y rozó el empate con Ángel Arcos y Borja Iglesias. Faltó finura, pero al menos había señales de que los vigueses querían entrar en la pelea.
Al descanso, el 1-0 era un mal menor para lo visto.
Stanic desata el vendaval: dos zarpazos más y 3-0 en el 61’
La segunda mitad comenzó con intención celeste, pero se derrumbó en un visto y no visto. A los cuatro minutos del reinicio, Stanic culminó una jugada al primer toque que partió a la defensa viguesa y estableció el 2-0.
Giráldez tiró de galones con Aspas y Bryan Zaragoza, pero cuando el equipo parecía levantar cabeza, Caio Vidal provocó otro penalti y Stanic completó su hat-trick desde los once metros. Un 3-0 que olía a sentencia.
El despertar celeste: orgullo, talento… y reacción insuficiente
Con todo en contra, el Celta por fin activó el modo Europa. Bryan Zaragoza comenzó a romper líneas y Pablo Durán —siempre con el fusil cargado— cazó un balón filtrado por el malagueño para firmar el 3-1 en el minuto 70. El partido se encendía y el Ludogorets empezaba a temblar.
Ya en el añadido, El Abdellaoui empalmó un trallazo marca de la casa para clavar el 3-2 y encender cualquier atisbo de milagro. El Celta tuvo dos llegadas más en el aliento final, pero la reacción llegó demasiado tarde.
Conclusión: aviso a navegantes y margen de mejora
El Celta se vuelve de Bulgaria con una derrota que escuece por cómo se produjo: mal inicio, reacción alentadora, pero insuficiente. La clasificación sigue viva, pero partidos como este recuerdan que en Europa no basta con media hora de buen fútbol.
La próxima jornada marcará si este tropiezo es un accidente… o un aviso serio de que la montaña es más empinada de lo que parecía.







