🛑 Final de una era en A Malata
David Castro y Fran Manzanara, dos pilares del Racing de Ferrol, se despiden del club tras cuatro temporadas inolvidables. Referentes dentro y fuera del campo, su salida marca el cierre de una etapa dorada… y también amarga.
🏆 Del éxtasis del ascenso... al golpe del descenso
Llegaron con hambre de fútbol y ambición, y lo dieron todo. Vivieron el renacer racinguista con el regreso a Segunda tras 15 años de espera. Pero también sufrieron la caída esta última temporada, donde ni el corazón ni el talento pudieron evitar el regreso a Primera RFEF.
📣 Castro se despide con una carta que deja huella
El central gallego eligió sus redes para decir adiós con palabras cargadas de emoción:
“Cuatro años intensos, de los que me llevo mucho más que fútbol. Me voy siendo uno más de vosotros”.
En su mensaje, Castro recordó cómo el Racing no solo lo hizo crecer como jugador, sino como persona. Agradeció a compañeros, afición y club por hacerlo sentir parte de algo único:
“Ferrol ya es parte de mi vida. En sus calles y en su gente entendí lo que significa amar un escudo”.
🤝 Manzanara, símbolo silencioso de liderazgo
Aunque el manchego no publicó palabras propias, el club lo despidió como lo que ha sido: un ejemplo.
Además de vestir la camiseta de un club, hay jugadores que la representan y vosotros, David y Fran, lo habéis hecho de una forma que no podemos más que sentirnos orgullosos. La huella que dejáis, va más allá de lo futbolístico. El fútbol pasa, las personas quedan y tened por seguro que el Racing y Ferrol siempre será vuestra casa.
🏟️ El racinguismo, de luto… pero agradecido
En redes sociales, la afición estalló en mensajes de cariño, respeto y agradecimiento. Muchos coinciden en lo mismo:
👉 “No es un adiós, es un hasta luego. Esta siempre será vuestra casa”.
💚 Lo que viene…
Con esta doble salida, el Racing de Ferrol comienza su reconstrucción para la próxima temporada. Pero una cosa está clara: el legado de Castro y Manzanara no se mide solo en partidos jugados… sino en la marca que dejan en cada rincón de A Malata.







