La desesperación vuelve a casa celeste
Un solitario cabezazo de Kike García en el tramo final apagó el aliento de Balaídos y hundió un poco más al Celta, que sigue sin conocer la victoria como local en Liga. Los de Claudio Giráldez generaron más fútbol, más intención y más ocasiones, pero volvieron a carecer de colmillo en el área rival. El Espanyol, paciente y cómodo en el caos, golpeó cuando ya todos imaginaban un reparto de puntos.
Un Celta mandón pero sin pólvora
El arranque dejó claro el guion: Celta llevando la iniciativa, balón al pie, sectores interiores muy poblados y Bryan Zaragoza siendo la chispa que encendía a la grada. Sin embargo, la falta de precisión en los metros finales volvió a ser un martirio.
La primera gran ocasión llegó con un disparo enroscado de Bryan que se marchó por muy poco. Aspas, hiperactivo entre líneas, encontró a Borja Iglesias en varias acciones, pero siempre apareció un zaguero perico para abortar cualquier tentativa.
Mientras tanto, el Espanyol se movía con pragmatismo: Terrats, Pol Lozano y Pere Milla buscaban transiciones sencillas, centros bombeados y juego directo sobre Roberto. Dmitrovic mantuvo la serenidad en un par de llegadas, en especial una volea lejana de Pere Milla desde más de 50 metros en un contragolpe.
Balaídos aprieta… pero la noche avanza sin premio
La segunda parte arrancó con un Celta decidido a romper el muro catalán. Aspas y Bryan aceleraron, Rueda dio amplitud y Carreira se sumó con valentía. Las llegadas existieron, las intenciones también, pero faltaba ese toque final que distingue a los equipos que mandan y a los que sufren.
Borja Iglesias tuvo la ocasión más clara del partido para los locales: conducción, amago y disparo tapado por Cabrera en una acción que levantó a toda la grada. Giráldez agitó el banquillo con Moriba, Jones, Swedberg y Pablo Durán, pero sin que la balanza se inclinase.
El Espanyol, en cambio, empezó a encontrar oxígeno con la entrada de un viejo zorro: Kike García.
El mazazo: un córner que duele como un derbi perdido
Minuto 87. Córner para los visitantes. Edu Expósito pone un centro templado al primer palo.
Y ahí aparece él: Kike García, libre de marca, cabecea con una facilidad desconcertante para el 0-1.
Un golpe frío, quirúrgico… y mortal.
Balaídos quedó helado. Ese runrún que ya se escuchaba desde hace semanas volvió a instalarse: el equipo compite, pero no remata; llega, pero no define; domina, pero no gana.
El Celta lo intentó a la desesperada en los últimos minutos, pero Dmitrovic atrapó con seguridad todo lo que voló por su zona.
El balance: sin victorias en casa y mirando hacia abajo
Los de Giráldez se quedan en 16 puntos y sin victorias en Balaídos en lo que va de Liga. El Espanyol, más práctico que brillante, suma 24 y se consolida en puestos europeos.
La afición se marchó con la sensación de déjà vu: buen juego por momentos, intensidad, intención… pero sin pegada. El fútbol, ese juez implacable, volvió a dictar sentencia.
Y el veredicto fue duro. Muy duro.
Claves del partido
1. Dominio celeste, eficacia visitante
El Celta fue quien propuso más, pero el Espanyol manejó mejor los tiempos.
2. Bryan y Aspas, los más incisivos
Ambos generaron peligro constante, aunque faltó finura en el remate final.
3. Kike García, el veterano que decide
Entró para eso: fijar centrales y aprovechar una única ocasión. Cumplió con creces.
4. Balaídos, un escenario que pesa… para los de casa
Cinco partidos, cero victorias. Un lastre importante en la clasificación.






