Aspas enciende Balaídos, una roja lo cambia todo y Osasuna remonta al Celta (1-2)

PorRedacción MC MUCHACALIDAD·Publicado

Aspas adelantó al Celta, pero la expulsión de Marcos Alonso cambió el partido y Osasuna remontó en Balaídos con goles de Barja y Budimir.

Aspas enciende Balaídos, una roja lo cambia todo y Osasuna remonta al Celta (1-2)
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El Celta pasó en apenas un cuarto de hora de tener el partido agarrado a quedarse sin nada. Iago Aspas había encendido Balaídos con uno de esos goles que llevan su firma, el equipo de Claudio Giráldez controlaba a Osasuna y el estreno liguero en casa parecía caminar por el terreno que más le convenía al conjunto celeste. Todo saltó por los aires al comienzo de la segunda mitad. La expulsión de Marcos Alonso dejó al Celta con diez, Kike Barja empató casi de inmediato y Ante Budimir completó desde el punto de penalti una remontada que dejó a los vigueses sin capacidad de respuesta. Del 1-0 al 1-2 y de una noche que apuntaba a primera victoria a la primera derrota del curso.

El resultado explica el desenlace, pero no cuenta por sí solo cómo llegó el Celta hasta él. Durante buena parte del primer tiempo fue el equipo que quiso gobernar el encuentro, movió a Osasuna de lado a lado y consiguió instalar el partido lejos de Radu. Le faltó convertir ese control en ocasiones, una carencia que acabaría pesando mucho más de lo que parecía cuando Aspas encontró el gol. El Celta llegó al descanso por delante, pero sin haber construido una ventaja suficientemente grande como para soportar el terremoto que llegó después.

Aspas encuentra la rendija

Giráldez apostó por Radu en portería y una defensa formada por Javi Rodríguez, Yoel Lago y Marcos Alonso. Javi Rueda y Javi Galán ocuparon los carriles, Miguel Román e Ilaix Moriba formaron por dentro y el frente ofensivo quedó para Iago Aspas, Pablo Durán y Williot Swedberg.

El dibujo volvió a tener la intención habitual del Celta: iniciar desde atrás, atraer la presión rival y buscar espacio a partir de la circulación. Osasuna se protegió con una estructura mucho más conservadora, con cinco hombres en la última línea en numerosos momentos y poca voluntad de conceder espacios a la espalda.

El balón era celeste, aunque las ocasiones no llegaban en la misma proporción. El equipo de Giráldez movía, esperaba y trataba de encontrar una grieta, pero le costaba muchísimo transformar la posesión en profundidad real.

No necesitó una ocasión fabricada al milímetro. Recibió lejos de la portería, orientó el balón y fue acercándose a la frontal hasta encontrar el metro que buscaba. Desde fuera del área soltó la zurda y colocó el balón lejos del alcance de Sergio Herrera. Un gol muy de Aspas: lectura, pausa, golpeo y una facilidad enorme para convertir una situación aparentemente inofensiva en una ocasión de gol.

Balaídos explotó y el Celta encontró lo que todavía no había sido capaz de generar a través del volumen de juego.

Mucho control, poca amenaza

El 1-0 reforzó la sensación de dominio celeste. Osasuna tenía dificultades para acercarse a Radu y el Celta podía manejar los ritmos sin verse obligado a correr detrás del balón.

Ese escenario, sin embargo, encerraba también un problema. El equipo de Giráldez no encontraba el segundo golpe.

Tenía posesión, conseguía sacar la pelota y circulaba con cierta comodidad, pero no terminaba de desordenar a un Osasuna que aceptaba defender durante largos periodos mientras la diferencia siguiera siendo mínima. El conjunto navarro entendió que el partido continuaba vivo y fue creciendo poco a poco.

Bretones probó desde lejos y Raúl García también obligó a Radu a intervenir en uno de los pocos acercamientos rojillos antes del descanso. No eran ocasiones como para hablar de un asedio, pero sí señales de que Osasuna empezaba a salir del dominio territorial al que había sido sometido durante los primeros compases.

El Celta llegó al descanso con ventaja y con la impresión de tener el encuentro donde quería. Pero solo había un gol de diferencia. Y en partidos tan cerrados, un solo incidente puede cambiarlo todo.

Eso fue exactamente lo que ocurrió.

La expulsión de Marcos Alonso rompe el partido

La segunda mitad apenas había comenzado cuando apareció la acción que condicionó toda la noche.

Marcos Alonso llegó tarde a una disputa con Iker Muñoz. Miguel Sesma Espinosa mostró inicialmente la tarjeta amarilla, pero recibió el aviso desde el VAR y acudió al monitor. Después de revisar la jugada cambió su decisión y expulsó al central del Celta.

Del once contra once al diez contra once.

Y, sobre todo, de un partido controlado a un escenario completamente diferente.

Giráldez reaccionó de inmediato introduciendo a Carl Starfelt para reconstruir la defensa. El sacrificado fue Iago Aspas, precisamente el futbolista que había marcado el 1-0 y el principal foco creativo del equipo.

Era una modificación condicionada por la inferioridad numérica, pero el coste ofensivo resultaba evidente. El Celta tenía que defender una ventaja con diez y acababa de retirar al jugador con mayor capacidad para interpretar qué hacer con el balón cuando pudiera recuperarlo.

Ni siquiera tuvo tiempo de asentarse.

Barja golpea antes de que el Celta pueda reorganizarse

Osasuna entendió inmediatamente que el partido había cambiado y fue a buscarlo.

El Celta todavía estaba reorganizando sus piezas cuando Jonathan Dubasin encontró espacio para poner el balón al área. Kike Barja llegó desde el costado, se anticipó a Javi Rueda y batió a Radu.

1-1.

El golpe fue especialmente duro por el momento en que llegó. El Celta apenas había podido asimilar la expulsión cuando perdió también la ventaja que llevaba defendiendo desde la primera mitad.

De repente todo jugaba a favor de Osasuna: igualdad en el marcador, un futbolista más y un Celta obligado a decidir si protegía el punto o intentaba recuperar terreno pese a la inferioridad.

Ramis terminó de subir la apuesta desde el banquillo. Ante Budimir entró en el campo y el conjunto navarro comenzó a cargar con más presencia el área celeste.

El partido había girado ciento ochenta grados.

De tenerlo controlado a verse por detrás

La remontada se completó pocos minutos después.

Una mano de Javi Galán dentro del área terminó en penalti para Osasuna. Budimir tomó la responsabilidad y no falló desde los once metros.

1-2.

En poco más de diez minutos, el Celta había perdido un futbolista, había encajado dos goles y había visto desaparecer un partido que hasta entonces parecía controlar.

La secuencia retrata mejor la derrota que cualquier otra estadística.

No se trató de un dominio progresivo de Osasuna durante noventa minutos. Fue una transformación total del encuentro provocada por la expulsión y aprovechada con enorme eficacia por el conjunto navarro.

Donde antes el Celta encontraba pases relativamente cómodos, ahora aparecían metros imposibles de cubrir. Donde antes Javi Rueda y Javi Galán podían jugar con altura, ahora cada pérdida amenazaba con dejar espacios detrás. Y donde antes Aspas podía ofrecer una salida entre líneas, el equipo tenía que sobrevivir sin su principal generador ofensivo.

Osasuna olió la debilidad y no perdonó.

Giráldez agita el equipo

Con el 1-2, Giráldez trató de reconstruir el ataque.

Sergio Carreira, Hugo Álvarez y Jones El-Abdellaoui entraron de una tacada por Javi Galán, Javi Rueda y Swedberg. Más tarde apareció Ferran Jutglà en lugar de Pablo Durán.

El objetivo era evidente: recuperar piernas, velocidad y capacidad para avanzar con metros por delante.

El problema no era únicamente quién estaba sobre el césped, sino el contexto. Osasuna ya no necesitaba exponerse. Podía cerrar espacios, jugar con la superioridad y obligar al Celta a elaborar cada ataque con un jugador menos.

Ahí se atascó el equipo vigués.

Hubo voluntad. Hubo esfuerzo. Hubo intentos por cargar el área y por llevar el partido hacia la portería de Sergio Herrera. Pero faltaron claridad y ocasiones.

El guardameta de Osasuna pasó el tramo final sin tener que producir ninguna parada decisiva. El Celta avanzaba, pero no dañaba. Rodeaba el área más de lo que entraba en ella.

Los números finales son especialmente duros en ese sentido: únicamente cuatro remates del Celta en todo el encuentro, dos de ellos entre los tres palos. Osasuna terminó con trece disparos, cinco a portería y una producción ofensiva muy superior.

La posesión, prácticamente equilibrada, engaña si se mira sin contexto. El Celta terminó ligeramente por encima con el balón, pero Osasuna fue muchísimo más peligroso: 0,13 goles esperados del conjunto celeste frente a 2,68 de los navarros.

Una diferencia enorme para un partido que durante cuarenta y cinco minutos había parecido estar en manos del equipo de Giráldez.

El empate nunca termina de aparecer

El tramo final dejó al Celta empujando más por necesidad que por convicción futbolística.

Starfelt buscó el remate en el área. Carreira también trató de encontrar el gol desde una segunda jugada. El equipo se estiró todo lo que pudo, pero no encontró una acción limpia que obligara a Herrera a salvar a Osasuna.

Y cuanto más se abría el Celta, más cerca estaba el tercero visitante.

En el añadido, Rubén García protagonizó una acción individual extraordinaria, atravesó la defensa celeste y dejó a Budimir con una oportunidad clarísima para sentenciar. El croata no resolvió bien y Carreira consiguió evitar que la pelota terminara definitivamente en la red.

El 1-3 habría sido excesivo para explicar lo sucedido durante toda la noche, pero también evidenció hasta qué punto el partido había cambiado después de la expulsión.

El Celta acabó buscando un empate que nunca estuvo realmente cerca.

Una derrota con dos partidos dentro

La lectura del encuentro exige separar claramente lo ocurrido antes y después de la roja.

Durante el once contra once, el Celta fue reconocible. Quiso la pelota, llevó el peso del partido, defendió lejos de su portería y encontró en Aspas el talento necesario para romper un encuentro con muy pocas ocasiones.

No fue una primera parte brillante. De hecho, la escasa producción ofensiva ya advertía de un problema: demasiado control para tan poco peligro. Pero el Celta mandaba en el marcador y, sobre todo, tenía el partido bajo control.

Después de la expulsión todo se descompuso.

Osasuna necesitó muy poco tiempo para comprender dónde estaba la oportunidad. Empató antes de que el Celta pudiera recomponerse y completó la remontada apenas unos minutos después. Giráldez cambió piezas y sistemas, pero el equipo nunca recuperó la serenidad que había mostrado durante el primer tiempo.

Ahí aparece quizá la parte más preocupante de la noche. No tanto haber sufrido con diez —algo perfectamente comprensible— como la incapacidad para enfriar el partido inmediatamente después de quedarse en inferioridad.

Entre la roja y el 1-2 apenas hubo tiempo para respirar.

Dos golpes, uno detrás de otro, y el partido desapareció.

Aspas sigue siendo Aspas

Dentro de una noche amarga, el gran destello celeste volvió a llevar el mismo nombre de siempre.

Iago Aspas necesitó muy poco para fabricar el único gol del Celta. Su disparo desde fuera del área rompió un partido que hasta ese momento tenía más control que ocasiones y confirmó que, incluso cuando el juego no termina de generar ventajas cerca de la portería, el moañés sigue teniendo la capacidad de inventarlas.

Su salida después de la expulsión fue una consecuencia directa de la necesidad de recomponer la defensa. Starfelt tenía que entrar y Giráldez eligió retirar al capitán.

El problema fue que, sin Aspas y con diez, al Celta se le apagó prácticamente toda la luz en campo rival.

Balaídos pasa de la fiesta al desencanto

La noche había comenzado con un ambiente muy diferente al del final. Balaídos recibía por primera vez al Celta en Liga esta temporada y el equipo respondió inicialmente llevando el mando del encuentro.

El gol de Aspas reforzó esa comunión.

Noventa minutos después, la sensación era completamente distinta.

El Celta se queda con un punto después de sus dos primeros partidos de Liga y suma su primera derrota del curso. El empate sin goles anterior había dejado la sensación de que faltaba contundencia arriba; ante Osasuna hubo un gol, pero la producción ofensiva volvió a ser escasa.

La expulsión condiciona cualquier análisis y explica buena parte de lo sucedido, pero no borra todo lo demás.

El Celta fue mejor mientras el partido estuvo once contra once, aunque generó poco. Después fue incapaz de sobrevivir al momento más delicado del encuentro.

Aspas había abierto la puerta de la primera victoria.

La roja la cerró de golpe.

Y Osasuna no necesitó que se la abrieran dos veces.

Ficha del partido

Celta: Radu; Javi Rodríguez, Yoel Lago, Marcos Alonso; Javi Rueda, Miguel Román, Ilaix Moriba, Javi Galán; Iago Aspas, Pablo Durán y Williot Swedberg.

También jugaron Carl Starfelt, Sergio Carreira, Hugo Álvarez, Jones El-Abdellaoui y Ferran Jutglà.

Osasuna: Sergio Herrera; Iñigo Arguibide, Alejandro Catena, Asier Osambela, Jorge Herrando, Abel Bretones; Jon Moncayola, Lucas Torró, Kike Barja, Jonathan Dubasin; Raúl García de Haro.

También jugaron Iker Muñoz, Rubén García, Ante Budimir, Moi Gómez y Aimar Oroz.

Goles: 1-0, Iago Aspas; 1-1, Kike Barja; 1-2, Ante Budimir, de penalti.

Expulsión: Marcos Alonso, al comienzo de la segunda mitad, después de que el árbitro revisara en el VAR una entrada sobre Iker Muñoz.

Árbitro: Miguel Sesma Espinosa.

Estadio: Abanca Balaídos.

Competición: LaLiga EA Sports 2026/27, partido aplazado correspondiente a la jornada 1.

Resultado: Celta 1-2 Osasuna.

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Redacción MC MUCHACALIDAD
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