
El nuevo ciclo del Racing de Ferrol arrancó con un golpe seco. La visita a SD Ponferradina terminó en una derrota contundente (3-0) que dejó tocado al conjunto verde en el debut de Guillermo Fernández Romo. El marcador fue cruel con un Racing que tuvo balón, ocasiones y media hora en superioridad numérica, pero pagó caro sus errores en las áreas.
Un inicio prometedor que no tuvo continuidad
El Racing salió con intención, ritmo y un plan reconocible. Presionó arriba y encontró llegadas tempranas por la izquierda, con Saúl y Jairo generando peligro. Sin embargo, ese buen arranque se diluyó pronto. La Ponferradina, más pragmática, supo enfriar el partido y esperar su momento.
El penalti que cambió el guion
La jugada clave llegó pasado el cuarto de hora. Un penalti señalado tras revisión puso cuesta arriba el encuentro y Borja Valle no perdonó desde los once metros. El golpe desordenó al Racing, que perdió precisión y empezó a conceder transiciones. Antes del descanso, un córner mal defendido acabó con el 2-0 en el marcador, un castigo excesivo para lo visto pero letal en lo anímico.

Superioridad numérica sin premio
Tras el paso por vestuarios, el Racing asumió el mando. Con la expulsión de Frimpong, el escenario parecía propicio para la remontada. Los verdes encerraron a la Ponfe, acumularon centros y disparos —Jairo, Concha y Edgar Pujol rozaron el gol—, pero se toparon una y otra vez con Andrés Prieto y con la falta de colmillo en los metros finales. El reloj jugó en contra y la ansiedad hizo el resto.
Sentencia en el añadido
Cuando el Racing volcaba todo para recortar distancias, llegó la estocada final. Jorrín aprovechó un desajuste para firmar el tercero en el tramo final y cerrar una noche negra en Estadio El Toralín.
Mucho trabajo por delante
El resultado no invalida la idea, pero sí subraya la urgencia. El Racing mostró tramos de buen fútbol y actitud, pero necesita solidez defensiva y mayor pegada para competir en una categoría que no perdona. Romo toma nota en su primer examen: el camino acaba de empezar, aunque el estreno haya sido un jarro de agua fría. En Ferrol ya saben que tocará remar… y remar juntos.







