El Celta de Vigo ha firmado cuatro empates en sus cuatro desplazamientos de LaLiga 2026/27, con apenas un gol marcado y otro encajado. La evolución de Yoel Lago y la seguridad de Ionut Radu explican cómo el equipo de Claudio Giráldez consigue resistir incluso cuando su ataque ofrece poquísimas soluciones.
El último ejemplo llegó el 11 de octubre ante el Elche (0-0), en el Martínez Valero. Los celestes volvieron a dejar la portería a cero y alcanzaron su tercer partido sin encajar como visitantes, una fiabilidad que convive con la dificultad para convertir esa resistencia en victorias.
Yoel Lago: la disciplina que sostiene la defensa
A sus 22 años, Yoel Lago se ha convertido en una pieza importante del sistema de Giráldez. Su crecimiento no se mide solo en duelos ganados, sino en cómo gestiona las situaciones de riesgo.
Ante el Elche vio una tarjeta amarilla en el minuto 36. Por delante tenía buena parte del encuentro y la responsabilidad de contener a Fer Niño, una de las principales amenazas del rival, y el central mantuvo la concentración hasta el final sin exponerse a una segunda amonestación: eligió mejor cuándo anticipar, cuándo disputar y cuándo quedarse en su sitio.
Esa madurez marca la diferencia respecto al curso pasado, cuando algunas intervenciones demasiado agresivas acabaron en errores. Ahora defiende más controlado sin perder intensidad, y eso vale oro cuando el equipo debe protegerse durante tramos largos: al evitar entradas precipitadas y mantener distancias con sus compañeros, cierra espacios y reduce los desajustes que luego hay que corregir.

Ionut Radu: más allá de las paradas
El guardameta rumano completa ese trabajo desde atrás. Ha encajado seis goles en las ocho primeras jornadas de Liga, una media de 0,75 por encuentro, y fuera de Balaídos únicamente ha recibido uno en cuatro partidos.
Su influencia va más allá de los remates detenidos. Radu está interviniendo con mayor decisión en los centros laterales, saliendo a atrapar balones y evitando que las jugadas sigan vivas dentro del área, un comportamiento que beneficia directamente a los centrales porque cada centro controlado elimina una disputa aérea y reduce el riesgo de segundas jugadas.
La conexión con el trabajo de Lago salta a la vista: mientras el defensa mide sus intervenciones y mantiene la posición, el portero aporta seguridad en todo lo que entra al área. Ante el Elche, además, apareció en el momento justo, cuando Martim Neto remató desde la frontal en el añadido y él respondió con una intervención que conservó el empate.
Cuatro puntos sin ganar: el límite está arriba
La fórmula mantiene al Celta invicto a domicilio. Los empates frente a Valencia, Real Sociedad, Getafe y Elche demuestran que el equipo ha encontrado recursos para competir fuera de casa, con tres porterías a cero y un solo gol recibido como prueba de una estructura compacta.
Pero el balance deja la otra cara: cuatro partidos sin perder y ninguna victoria. El problema está en el área contraria, porque con un único gol en esos cuatro desplazamientos haría falta aprovechar casi cada ocasión clara para que el empate se convierta en tres puntos. Ante el Elche, Couhaib Driouech tuvo la suya en el minuto 88, solo ante Matías Dituro, y su remate se fue fuera.
La escasa participación de Borja Iglesias durante el inicio del campeonato y los problemas físicos que condicionaron a Iago Aspas también han recortado las alternativas de Giráldez. El capitán recibió el alta médica antes del partido en el Martínez Valero, así que su regreso devuelve presencia y creatividad a una zona que lo necesita.
El reto del técnico no pasa por tocar una defensa que funciona, sino por encontrar más soluciones ofensivas sin romper ese equilibrio. Lago aporta disciplina en los duelos y Radu manda dentro del área; entre los dos sostienen una estructura que concede muy poco lejos de casa. El Celta ya sabe cómo no perder. Ahora falta que esa seguridad sirva de trampolín para empezar a ganar.








