Queda declarado, por unanimidad, el estado de optimismo racinguista.
Después de una tormenta siempre llega la calma. Pero atención, pues la resaca de las olas puede arrastrar mar adentro hasta a los más fuertes.
El Racing, en mayúsculas, braceó en solitario, cuando muchos nos dejábamos arrastrar por los cantos de sirena que prometían aliviar el sufrimiento.
Abandonar nunca fue una opción. Aunque pudiera parecerlo.
Uno, que rajó lo más grande, pues el Racing es sin duda lo más importante de las cosas menos importantes de la vida, asiste embelesado a la reconquista.
No es que considere que el fútbol deba gestionarse a través del referendo popular, pero sostengo sin miedo a errar que cada una de las decisiones habrían arrasado el escrutinio del puchero en cualquier bar.
¡Presidente, Presidente! No debe ser fácil, tras el estrépito del fracaso, recomponerse y poner buena cara. Y no fingirla, sino sentirla. Pues de espejos sabe el alma y el humor no emana de la cabeza, sino del corazón.
Y hablando de recomposiciones, parece que, al tono oscuro, deslumbrado por el brillo, le ha sentado estupendo el verano ferrolano, pues hemos recuperado nuestro color de toda la vida, el verde césped, el del escudo.
Y qué mejor forma de vestirse que rememorando aquel penalti de Pablo, que juntando a esas leyendas. Pazolo, Manel, y lo siento, pero escribo estas líneas de pie: Manu Miranda, el eterno ocho, el del escorpión.
En Ferrol no pedimos ganar siempre. Que les pregunten a las guerreras del Universitario. Lo que anhelamos es sentirnos representados como pueblo luchador y superviviente.
Liderados por un hombre humilde, de la casa, receptivo y comunicador. Rodeados de un equipo joven y dinámico. De grandes personas como Álex López, si fallamos, sentiremos que hemos fallado juntos.
Ha llegado nuestro momento. El de mostrarle a los contrincantes que Ferrol é moito. Y de tener paciencia, y si no la tenemos, la fingimos.
Que jugadores y grada seamos uno. Que cuando se pongan la cruz de Santiago en el pecho se les acelere el corazón.
¡Vamos Ferrol!







