Los celestes cierran las cuentas con números rojos, pero Mouriño lo asume sin complejos: mejor perder con la conciencia tranquila que vender por vender. La presidenta lo explicó este jueves en A Sede, y el mensaje fue directo: el club no iba a desprenderse de futbolistas solo para maquillar un balance.
Un mercado que se quedó lejos de los 32 millones
El presupuesto exigía ingresar cerca de 32 millones por traspasos. La cifra nunca llegó, y el mercado de invierno solo aportó algo más de cuatro millones. La dirección deportiva, con Marco Garcés y Álex Otero al frente, recibió llamadas por varios nombres de la plantilla, pero la entidad puso un límite claro. «No vamos a vender por vender si ni el jugador ni el club estamos convencidos de que es bueno para ambas partes», resumió Mouriño. Sobre el papel, el desfase asusta; el problema real sería haber vendido mal.
Diez millones de pérdidas, pese a todo
Ni la participación europea ni el resto de ingresos bastaron para tapar el agujero de los traspasos. El resultado: más de diez millones en negativo. Y aquí llega el matiz que más pesa en el vestuario de A Sede: el año pasado el Celta vendió por más de 25 millones y las pérdidas fueron todavía mayores. «Dentro de que es malo, el año pasado vendimos por más de 25 y perdimos un poco más que este año», admitió la presidenta. El dato deja claro que una gran venta no arregla nada por sí sola.
El límite salarial baja, pero hay margen para el portero
La ausencia de ingresos por traspasos también recorta el límite de coste de plantilla, que pasará de unos 91 a unos 88 millones para 2026/27. El gasto del primer equipo rondó los 80 millones este curso, y ahí piensa mantenerse el club. Entre los movimientos pendientes hay tres incorporaciones, una de ellas un portero, y Mouriño fue clara: existe capacidad económica para cerrarlas. Perder dinero no es lo mismo que no tener margen para fichar.
La hoja de ruta para volver a los números negros
Mouriño puso cifras al futuro: entre 10 y 15 millones por temporada, esa es la nueva referencia de ventas que la entidad considera sostenible, muy lejos de los 30 millones que exigían los últimos presupuestos. Ahí entra también A Madroa y Afouteza, la cantera como motor de valor deportivo y económico, no solo como cantera de emergencia. El plan es tan sencillo de enunciar como difícil de ejecutar: subir los ingresos recurrentes, controlar el gasto y dejar de depender de la venta que salva el balance.
La presidenta defendió el coste de este año, sí, pero también marcó la fecha de caducidad: las pérdidas pueden tolerarse una vez, no convertirse en la forma de vida del Celta.








