El Celta Fortuna mira al mercado, sí, pero también empieza a mirar hacia dentro. Y ahí aparece un nombre que durante la última temporada apenas pudo enseñar todo lo que el club cree que lleva dentro: Seyni Mbaye Ndiaye.
El central senegalés llegó a Vigo como una apuesta de futuro, firmó hasta 2029 y aterrizó en el filial celeste tras competir con Senegal en la Copa Africana de Naciones. El Celta lo presentó como un defensa internacional senegalés llamado a reforzar la zaga del Fortuna, pero su primera campaña fue más de cocina lenta que de escaparate inmediato.
Un fichaje que todavía no se ha visto de verdad
La lectura desde fuera puede ser sencilla: si jugó poco, será porque no estaba para jugar. Pero en A Madroa el análisis parece bastante más matizado. Según apuntó Alberto Bravo, desde el cuerpo técnico y la dirección deportiva consideran que el nivel real de Ndiaye todavía no pudo verse en competición porque el filial, metido de lleno en la pelea competitiva, decidió no tocar la línea de tres centrales que sostuvo la segunda vuelta.
El razonamiento futbolístico tiene lógica: cuando un equipo encuentra una estructura estable en el tramo decisivo, el entrenador suele tocar lo justo. No es momento de experimentos, ni de abrir la nevera si el guiso está saliendo bien. La continuidad de Ribes, Meixús y Anxo terminó cerrando la puerta a Ndiaye, más por contexto colectivo que por falta de confianza individual.
En Afouteza dejó señales de titular
La clave está en lo que no se vio los fines de semana. En los entrenamientos, Ndiaye habría dejado la sensación de estar preparado para jugar e incluso de poder situarse por delante de algunos compañeros de posición. Su proceso, eso sí, necesitó tiempo.
No todos los fichajes aterrizan y rompen la puerta en dos semanas. Menos aún un central joven, llegado de otro contexto competitivo y obligado a adaptarse a otro idioma futbolístico, otra intensidad, otra forma de defender y otra exigencia táctica. En un delantero se puede disimular alguna desconexión con un gol. En un central, un despiste cuesta una foto en la hemeroteca y medio incendio en redes.
Ahí está la explicación del club: primero adaptación, después crecimiento y ahora expectativa real.
El espejo de Somuah
La comparación que se desliza en el entorno celeste es interesante: Bernard Somuah. El atacante ghanés también necesitó un periodo de aterrizaje antes de empezar a pesar de verdad en el Celta Fortuna. Cuando lo hizo, pasó de ser una apuesta a convertirse en un futbolista diferencial dentro del filial.
Con Ndiaye, el club parece manejar una hoja de ruta parecida. Paciencia inicial, integración progresiva y confianza en que el segundo año sea el de la explosión. No sería el primer caso en el que un futbolista extranjero necesita medio curso para dejar de correr detrás del sistema y empezar a jugar dentro de él.
Un perfil distinto para la defensa del Fortuna
Ndiaye no es un central cualquiera por condiciones. Mide 1,90 metros, es diestro y ocupa una posición en la que el filial celeste necesitaba perfiles de envergadura. Ya cuando se conoció el interés del Celta, se destacó precisamente su altura y su capacidad física como rasgos diferenciales para una zaga que buscaba centímetros y presencia en las áreas.
Ese tipo de central puede darle al Fortuna algo que no siempre abunda en los filiales: poderío en el duelo, amenaza en el balón parado y capacidad para defender situaciones de área con más autoridad. En Primera Federación, donde muchos partidos se deciden en un córner, una segunda jugada o un balón lateral mal defendido, eso no es un detalle menor. Es media vida.
El mercado también da pistas
La confianza en Ndiaye también puede leerse en la planificación. Según la información de Alberto Bravo, la dirección deportiva considera que el Fortuna solo necesitaría incorporar un central para cubrir la baja de Jaime Vázquez, con Chirveches y Noah como alternativas desde el Juvenil.
Esa idea deja una lectura clara: si el club no busca dos o tres centrales, es porque entiende que ya tiene dentro una pieza importante. Y ahí Ndiaye aparece como uno de esos “fichajes internos” que tanto gustan en verano cuando no cuestan traspaso, pero pueden cambiar el once.
Una oportunidad de esas que no pasan dos veces
La próxima temporada puede ser decisiva para Ndiaye. Ya no llegará con la etiqueta de recién aterrizado. Ya conoce el club, los entrenamientos, el ritmo de la categoría y las exigencias de una cantera que no solo forma, también compite.
Si empieza el curso como titular o entrando fuerte en la rotación, tendrá una ventana ideal para confirmar lo que en Afouteza ya parecen tener bastante claro: que el Celta Fortuna todavía no ha visto al verdadero Ndiaye.
Y en un filial donde cada temporada aparecen nombres que suben, bajan, explotan o se quedan en tierra de nadie, el central senegalés puede ser uno de los grandes focos del curso. El típico jugador que en septiembre todavía genera dudas fuera y en noviembre obliga a todos a preguntar: “¿pero este dónde estaba escondido?







