Se dice pronto. Pero no lo digo yo: lo dictan los números. En 36 temporadas en Segunda, nunca hicimos tan pocos puntos. Nunca tan pocas victorias. Y más allá: ningún equipo, en toda la historia con 22 equipos en la categoría, ha hecho tan poco.
Las sociedades más avanzadas se construyeron sobre dos principios: el perdón, cada vez más difuso; y la responsabilidad personal, hoy completamente borrada. Y aunque creo que debemos perdonar y mirar adelante, también creo que hay que aprender. Porque este Racing lleva año y medio desaparecido en combate.
Y convendréis conmigo en que no se aprueba un examen rezando. Ni se pierde peso con solo desearlo. Ni se cambian inercias repitiendo el mismo plan.
Algo tiene que cambiar.
El club debería hablar de inmediato. No con frases vacías. No con una rueda de prensa intrascendente. Con un plan. Con ganas de revancha. Con presencia.
La imagen del palco vacío fue inaceptable. Lo siento, sé que algunos creen que un club puede gestionarse en remoto. Pero esto era emocional. Era estar. Era dar la cara en el momento más duro.
El plan no puede ser llegar tarde a todo: a fichajes, a comunicar, a la campaña de abonados. Eso nos trajo hasta aquí. Repetirlo sería incomprensible.
El racinguismo necesita ilusión, piel, emoción. Lo que hace que este deporte sobreviva al dinero, a los jeques y a los algoritmos. Necesita conexión, necesita Ferrol, necesita que alguien diga: soy de los vuestros.
El viernes, la peña El Palo del Gallinero organizó un acto con Álex López. Ese es el camino. Cuando me cruzo con el señor Molina, me emociono. Porque ellos están. Porque no los olvidamos. Porque sí representan.
Y eso suma. Y si no, resta.
Somos un club humilde. No somos el PSG. Si perdemos la calle, estamos perdidos. Y no solo se ha perdido, sino que ni se ha intentado recuperarla. No ha habido el más mínimo esfuerzo por existir.
Comencé hablando de perdón. Perdonemos. Pero aprendamos. Confiemos en que esta vez quien debe decidir haya entendido de una vez qué nos hace sobrevivir. No pedimos ascensos. Pedimos volver a sentir. A vivir, a sufrir, a sonreír en verde.
Somos nachas y nachos. De sufrir sabemos un rato. Pero sufrid con nosotros. Porque el dolor compartido pesa menos.
Celebremos los ascensos de los niños, la ciudad deportiva, asumamos los errores, aprendamos y volvamos. No hagamos como si nada o carguemos el peso a la sufrida afición, eso sería absurdo.
Nos vamos a una categoría emocionante y divertida. Ahora más que nunca: ¡Esto es Ferrol!







