Como quien ve envejecer a un padre autoritario y pasa de la rabia a la comprensión, y finalmente a la empatía y la tristeza, asistimos al ocaso y adiós de quien puso la cara y, sí, también el corazón.
Objeto de loas y alabanzas —a veces excesivas—, y de críticas e insultos —también, en ocasiones, desmesurados—.
Carlos Mouriz llegó al Racing en una situación indudablemente dura. Con la sombra de la desgracia oscureciendo el horizonte y el virus de la incertidumbre extendiendo sus tentáculos.
Hombre de antes. Más Luis Aragonés que Del Bosque. Por desgracia, en esta era de formas por encima del fondo, muchas veces no se supo interpretar su mensaje en público. Seguro que sí en privado.
Vimos pancartas con su imagen en tiempos de bonanza. Y también a la afición pedir su marcha en épocas de zozobra. Y estoy plenamente convencido de que él, más que nadie, entiende que eso es el fútbol: pasión.
Siempre nos quedará la imagen de la Copa del Rey. Hoy en día es difícil ver a un director deportivo tras la verja, paraguas en mano, celebrando un gol al grito de “¡eso es, eso es!”. Poesía.
Uno que, ante todo, es racinguista, fue duro y crítico con la asunción excesiva de funciones, o con la falta de claridad y comunicación. Pero el otro día, en rueda de prensa, quien no sintiera ternura no tiene corazón.
Los que echamos en falta más presencia intuimos, con sensibilidad, que aún hay quien sufre en silencio y no se pone en el foco, incluso cuando quizá asume culpas que no le competen.
Y es que ver al hombre duro —sobre cuya espalda el Racing, con mayúsculas, esquivó la frustración y la rabia del aficionado— emocionado y con la voz quebrada, nos acercó al humano, a la persona.
Es duro decir adiós, aceptar el paso del tiempo y asumir que nada es para siempre. Y desde aquí, creo que hablo con la voz del racinguismo al desear a don Carlos Mouriz lo mejor.
Porque como dijo él en su despedida: aunque no hayas nacido aquí, si aquí quieres quedarte, siempre tendrás una mano amiga y el reconocimiento de la gente.
Se abre una nueva etapa. Y si la cosa va de bigotes vintage, aquí uno que va a muerte con todo. Mas Abadía y menos Garnacho.







