Había ganas de Racing. Para muchos el año da comienzo con el primer madrugón de septiembre. Y hablando de madrugar, era un domingo cualquiera, puede ser que aún fuera agosto. ¿Qué mas da?
Olía a lluvia, a hierba. A expectación y nerviosismo. Llegué al estadio una hora antes, y es que a los que crecimos exiliados añorando el maltrecho adoquín; mirar de frente el gris sucio y vacío del valle de los sueños nos da la vida.
Ansiedad al ritmo perezoso con el que el gris plástico se tornaba en verde. Verde oscuro de un descenso, turquesa de un sueño, verde Racing. Y horteradas de colores a parte y fechas estivales, fuimos el cuarto equipo de la categoría con mayor afluencia.
No quedaba del curso anterior un solo alumno, al menos presente en clase. Y, como cuando alguien habla en público, todos los allí asistentes deseábamos lo mejor, entre cánticos y vítores, a los nuevos chicos.
Como si de un mal vicio se tratase, comenzamos el curso dubitativos, tímidos y de nuevo atrás en el marcador. Un buen pase filtrado, espacio a la espalda y un delantero habilidoso. Los fantasmas del pasado se reían de nosotros.
Pero lejos de caer en la desazón, el público ferrolano no tardó ni dos segundos en arrancarse y alentar a los suyos. En Ferrol siempre se ha valorado el esfuerzo sobre el resultado. Y si bien con muchas dudas, sobre todo en el apartado defensivo, el lenguaje no verbal era el de un equipo que había venido a luchar.
No tardaría mucho Jairo, que de coruñés entiende de mañanas grises – y es que la vecindad, lejos de la opinión de algunos, es un plus; en compensar el golpe inicial con una jugada individual coronada de un disparo de zurda pegado al palo.
Y me quiero detener en ese momento. Hacía tanto, tanto tiempo que la afición racinguista no celebraba un gol así. Con ganas. Sabiendo que podía ser el primero de muchos, que podíamos, es más, que íbamos a ganar. Son esos momentos los que la televisión o las redes sociales nunca podrán imitar.
Siendo honestos, a los puntos, no merecimos ganar el combate. Pero esta victoria nos da margen de trabajo, moral para el arranque y oxígeno a un Pablo López al que desde aquí deseamos siempre lo mejor. Qué gusto escuchar, después de tanto, a un hombre normal en rueda de prensa.
Estamos a jueves y el señor Juez Único de Competiciones No Profesionales de la Real Federación Española de Fútbol ha decidido tarde mal y arrastro chafarnos el plan sentando un precedente lamentable. No se entiende que en 2025 no hayamos entendido que sería mucho mejor una liga de filiales. Ni iremos a Valdebebas ni ganaremos allí, de momento...
Ayer de noche llegaron otros dos jugadores, que se suman a Saúl García. Tres lujos con experiencia en categoría superior y en plena vigencia para conformar, la que es para mí sin duda, una plantilla muy superior a la del año pasado.
El reto está en crear un equipo a la altura de lo que el papel dice de la plantilla. Corren tiempos de esperanza en Ferrolterra.







