No entraré a hablar de la planificación deportiva, la calidad de los fichajes en relación con los jugadores que se fueron, el planteamiento del entrenador u otras cuestiones sobre las que ya se ha discutido en detalle. Lo que me resulta de obligada reflexión es la posición en la que muchas columnas, posts o comentarios dejan a la sufrida afición racinguista en todo esto. Y lo siento, la afición no se toca.
Pero yo me rebelo ante eso. Ferrol es mucho Ferrol. Y aquí se viene a cumplir, no a intentarlo. Y, por cierto, que aquí de fracaso sabemos un rato, y os vamos a entender y empatizar como pocos, pero de momento vamos a estar a la altura. De eso van los trabajos, ¿no?
Y lo siento, pero lo debo decir. Me rompió el alma que el club, desde sus medios oficiales, lance un “artículo de opinión” indicando lo que debe o no hacer la afición. Me parece erróneo e injusto.
Hay que mirarse al espejo detenidamente antes de arrogarse la autoridad, muy aplaudida por otro lado, de realizar según qué aseveraciones. Porque luego corre uno el riesgo de tirarse un partido entero haciendo aspavientos y gestos de desaprobación sin dar una palma o aliento, y marcharse en el minuto ochenta. Y entonces resulta que quizá aquellos que se frustraban no eran tan malvados, sino humanos. Y racinguistas.
Que un señor gritó “¡Qué malo eres!”. Por cierto, se confirma que a estas horas sigue en libertad sin cargos. No me parece, ni de lejos, el problema, si es que los hay, del Racing. Bien haríamos en mirar hacia dentro y menos hacia fuera.
Que no nos quiten el derecho constitucional a la pataleta.
Viva la afición racinguista y viva el ferrolanismo. Que está muy vivo. Y que nadie se permita el lujo de hacernos pensar que no podemos aspirar a lo mejor.








