El Racing de Ferrol estrenó su casillero de victorias de la temporada con un partido mucho más extraño de lo que dice su desarrollo. Durante buena parte de la segunda mitad tuvo al Real Unión contra las cuerdas, alcanzó un 3-0 que parecía definitivo y acabó celebrando el 3-2 con alivio después de unos minutos finales que nadie esperaba.
El triunfo, eso sí, fue merecido. El Racing fue el equipo que más buscó el partido, el que generó más peligro y el que mejor aprovechó sus momentos. A Malata vio por fin una versión mucho más reconocible del proyecto de Javi Vázquez.
La primera mitad no tuvo goles, pero sí dejó una sensación clara: el Racing estaba más cerca. Los ferrolanos consiguieron jugar durante muchos minutos en campo contrario, movieron al Real Unión de lado a lado y encontraron espacios sobre todo cuando Roberto Arroyo pudo recibir con metros por delante.
Raúl Alcaina también empezó a aparecer con frecuencia dentro del área. El delantero tuvo la ocasión más clara antes del descanso con un remate que acabó en el palo, en una acción que confirmó que el 0-0 empezaba a quedarse corto para los méritos locales.
El Real Unión, que llegaba a Ferrol como líder después de dos victorias y ocho goles en las dos primeras jornadas, apenas pudo enseñar el fútbol ofensivo que le había permitido arrancar con tanta fuerza. El Racing fue más agresivo sin balón y mucho más constante a la hora de instalarse arriba.
Del dominio a los goles
Lo que no había entrado en la primera parte empezó a hacerlo después del descanso.
El 1-0 llegó en el minuto 55. Álvaro Ramón puso un saque de esquina al segundo palo y Alcaina apareció libre para mandar el balón a la red. Premio para el delantero y también para un Racing que había insistido durante toda la mañana.
El gol cambió por completo el escenario. El Real Unión tuvo que dar un paso adelante y dejó a su espalda el terreno que el Racing llevaba todo el partido esperando.
Ahí apareció Roberto Arroyo.
El atacante culminó en el minuto 69 una transición rápida que terminó con el 2-0. Fue una de esas acciones que resumieron bien el partido de los verdes: robo, pocos toques y llegada al espacio antes de que el rival pudiera reorganizarse.
El Real Unión estaba tocado y el Racing quiso aprovecharlo. Javi Vázquez refrescó el equipo y mantuvo la intención de buscar la portería visitante en lugar de proteger simplemente la ventaja.
Un 3-0 que parecía definitivo
El tercero llegó en el minuto 86 y tuvo como protagonista a Migue Leal. El lateral leyó la jugada, apareció dentro del área y terminó convirtiendo el 3-0.
A esa altura del partido, la sensación en A Malata era de jornada perfecta. El Racing tenía tres goles de ventaja, había controlado al líder y estaba firmando su actuación más completa desde que comenzó la competición.
Pero el fútbol decidió complicar el final.
Álvaro Mateo marcó el 3-1 apenas dos minutos después y devolvió algo de vida al Real Unión. El Racing, que durante todo el encuentro había jugado con bastante seguridad, empezó a retroceder y a perder precisión en cada despeje.
Los visitantes cargaron el área con todo lo que tenían y encontraron todavía un segundo gol. Galarza hizo el 3-2 ya en el minuto 97 y obligó al Racing a defender los últimos segundos con una tensión completamente inesperada pocos minutos antes.
No hubo tiempo para más.
Tres puntos y una lección
La victoria permite al Racing sumar cuatro puntos después de tres jornadas y, sobre todo, cambiar la sensación de un comienzo en el que el juego había dejado momentos interesantes pero apenas había generado resultados.
Ganarle al Real Unión tenía además un valor añadido. El conjunto irundarra había llegado a Ferrol con pleno de victorias y como máximo goleador del grupo, y durante muchos minutos apenas encontró respuestas ante el ritmo local.
El Racing demostró que tiene velocidad, capacidad para atacar espacios y futbolistas capaces de romper partidos. Arroyo volvió a dejar detalles muy importantes, Alcaina encontró por fin el gol y Migue Leal se sumó desde atrás para completar un marcador que pudo ser incluso más amplio.
La otra lectura está en el desenlace. Un equipo que manda 3-0 en el minuto 86 no debería acabar mirando el reloj con angustia. El 3-2 no empaña el triunfo, pero sí deja una advertencia útil para una temporada larga.
A Malata, al menos, ya ha visto ganar a este Racing.







