España ya tiene su segunda estrella. Un gol de Ferran Torres en el minuto 106 derrotó a Argentina (1-0) y convirtió a la selección en campeona del mundo dieciséis años después de Sudáfrica.
Ferran Torres abre la puerta de la eternidad
España ya tiene su segunda estrella. Dieciséis años después de aquella noche eterna de Johannesburgo, la selección volvió a conquistar el mundo tras derrotar a Argentina por 1-0 en una final que necesitó 120 minutos, toneladas de paciencia y el golpe definitivo de Ferran Torres.
El delantero valenciano apareció en el minuto 106, cuando el partido caminaba sobre el alambre y los penaltis comenzaban a asomar en el horizonte. Entró desde el banquillo y terminó convertido en héroe nacional. Hay futbolistas que disputan una final y otros que se quedan a vivir para siempre dentro de ella.
España es campeona del mundo.
La selección culmina así un recorrido que ya había dejado por el camino a Austria, Portugal, Bélgica y Francia. Una escalada hasta la cima que confirma cómo España se ha convertido en una potencia del fútbol mundial.
España pone el balón y Argentina levanta el muro
Desde el comienzo, el balón fue español. Argentina cedió terreno, protegió su área y confió su resistencia al orden defensivo, al oficio competitivo y a las intervenciones de Emiliano Martínez.
España acumuló posesión, llegadas y saques de esquina, pero el gol se resistió como se resisten las puertas que conducen a la eternidad. Cada ataque parecía acercar a la selección al título. Cada parada del Dibu devolvía la final al punto de partida.
Argentina ni siquiera logró efectuar un disparo durante los 90 minutos reglamentarios. España, en cambio, terminó la noche con 20 remates y obligó al guardameta argentino a sostener a su equipo cuando el partido amenazaba con romperse. El dominio era evidente, pero las finales no se ganan a los puntos.
El guion confirmó buena parte de las claves que rodeaban la previa de la final entre España y Argentina: la Roja tendría la pelota y la Albiceleste trataría de llevar el encuentro hacia un territorio incómodo, cerrado y emocional.
Lamine insiste y España no pierde la paciencia
La tensión aumentó con el paso de los minutos. Lamine Yamal trataba de encender el costado, Dani Olmo buscaba espacios entre líneas y Oyarzabal peleaba contra una defensa argentina que defendía cada balón como si fuese el último.
Messi esperaba su momento en el otro lado, dispuesto a castigar cualquier error y a escribir otro capítulo imposible. Era el gran duelo generacional de la final: la leyenda argentina frente al joven talento llamado a liderar el futuro de España.
Lamine no encontró el golpe definitivo, pero volvió a asumir responsabilidades. Su crecimiento durante el torneo respondió a muchas de las preguntas planteadas antes de la competición sobre los desafíos de Lamine Yamal en el Mundial 2026.
España no se desordenó. Siguió jugando, moviendo a Argentina de un lado a otro y esperando que apareciese una grieta. Era la misma madurez competitiva mostrada ante Bélgica, cuando la Roja demostró que ya no solo sabe ganar, sino también sufrir y elegir su momento.
La expulsión de Enzo Fernández cambia la final
Argentina se quedó con diez jugadores en el tiempo añadido de la segunda parte después de que Enzo Fernández recibiese la segunda tarjeta amarilla.
La expulsión abrió una grieta, aunque no derribó inmediatamente el muro. El 0-0 condujo la final a la prórroga y multiplicó el sufrimiento.
Durante el primer tiempo extra, España creyó marcar por medio de Nico Williams, pero la acción quedó anulada. Fue otro golpe para una selección que ya había acumulado méritos suficientes para ganar, aunque el fútbol todavía le reclamaba una última prueba.
Argentina resistía. El Dibu seguía sosteniendo el empate. Los penaltis comenzaban a sobrevolar Nueva Jersey como una amenaza.
Entonces llegó el minuto 106.
El minuto 106 ya pertenece a Ferran Torres
Pedro Porro inició la acción desde la derecha, Nico Williams prolongó el balón y Ferran Torres apareció en el lugar donde nacen los héroes.
El delantero conectó el remate con la zurda y mandó la pelota bajo el larguero, lejos del alcance de Emiliano Martínez.
Gol.
Gol de España.
Gol para la historia.
Ferran salió disparado mientras el banquillo entero invadía la banda. Los jugadores se abrazaban, las gradas explotaban y millones de aficionados gritaban al mismo tiempo desde el otro lado del Atlántico.
Después de más de cien minutos de resistencia argentina, España había encontrado el agujero por el que colarse en la eternidad. Ferran, presente desde el inicio del camino mundialista y autor también de goles importantes antes del torneo, encontraba el premio más grande de todos.
Quedaba el último ejercicio de resistencia
Todavía tocaba sufrir. Argentina, liberada ya de cualquier cálculo, se lanzó a por el empate con un jugador menos. Giuliano Simeone estuvo cerca y Messi buscó el último milagro, pero España defendió su ventaja con el corazón en la garganta y las piernas al límite.
Cada despeje era celebrado como un gol. Cada balón dividido parecía contener el peso de toda una vida. Ya no había táctica ni posesión que valiese: solo quedaba resistir.
España resistió.
Cuando llegó el pitido final, el césped de Nueva Jersey se convirtió en una fiesta roja. Algunos jugadores corrieron sin rumbo, otros cayeron de rodillas y muchos se abrazaron entre lágrimas.
Argentina entregaba la corona. España levantaba el mundo.
Luis de la Fuente culmina una obra campeona
La generación de Lamine Yamal, Nico Williams, Dani Olmo, Rodri, Unai Simón, Cubarsí y compañía culminaba el viaje iniciado con la conquista de la Eurocopa.
Luis de la Fuente, discutido tantas veces y respaldado finalmente por el fútbol, conducía a la selección hasta la cima más alta. España llegó a la final después de eliminar a Francia en unas semifinales en las que volvió a imponer su solidez, tal y como anticipaba el análisis previo del Francia-España del Mundial 2026.
El seleccionador construyó un equipo capaz de mandar con la pelota, presionar sin ella y sobrevivir cuando el partido pedía ponerse el casco. Una selección joven, pero competitivamente adulta.
España vuelve a ser campeona del mundo
España conquista el segundo Mundial de su historia después del logrado en Sudáfrica en 2010. Además, se convierte en la primera nación que reúne simultáneamente los títulos mundiales absolutos masculino y femenino.
Pero las estadísticas llegarán después.
Esta noche pertenece a los futbolistas, a los aficionados y a un delantero que saltó desde el banquillo para cambiar la historia.
Ferran Torres marcó el gol. España puso el juego, la paciencia y el alma.
Y el mundo, por segunda vez, volvió a teñirse de rojo.







