Borja Iglesias ya es campeón del mundo. El delantero del Celta cerró en Nueva Jersey uno de los viajes más inesperados y emocionales del fútbol español: pasó de atravesar momentos en los que llegó a plantearse abandonar este deporte a levantar la Copa del Mundo con la selección.
España derrotó a Argentina por 1-0 gracias al gol de Ferran Torres en el minuto 106. Cuando terminó la final y la celebración se apoderó del césped, el atacante gallego recordó todo lo que había tenido que superar para llegar hasta allí.
Su imagen con el trofeo representa mucho más que un título. Es la fotografía de una remontada personal que comenzó lejos de los focos y terminó en el escenario más grande del fútbol.
Borja Iglesias todavía no asimilaba el título
El delantero compareció ante Televisión Española visiblemente emocionado. Habían sido muchas semanas de concentración, tensión y trabajo hasta completar el camino hacia la segunda estrella.
“Qué locura, tío”, fue una de sus primeras reacciones. Borja reconoció que todavía necesitaba tiempo para comprender la dimensión de lo conseguido.
El compostelano destacó especialmente el valor humano del vestuario y el privilegio que había supuesto formar parte del grupo dirigido por Luis de la Fuente. Aunque no tuvo un papel protagonista sobre el césped durante el torneo, su presencia en la convocatoria culminó una temporada marcada por su rendimiento con el Celta y por su regreso a la selección.
De pensar en dejarlo a conquistar el mundo
El momento más personal de su intervención llegó al recordar las etapas en las que el fútbol dejó de ser un lugar amable.
Su llegada al Betis no fue sencilla. El delantero había aterrizado en Sevilla después de destacar con el Espanyol, pero durante su primera temporada como verdiblanco sufrió una larga sequía goleadora y soportó una presión creciente.
Con el paso del tiempo logró darle la vuelta a la situación. Recuperó la confianza, se convirtió en un futbolista importante y fue protagonista en la conquista de la Copa del Rey de 2022. Sin embargo, su última etapa en el club volvió a estar marcada por las dificultades deportivas y emocionales.
Borja admitió que llegó a encontrarse tan mal que valoró la posibilidad de abandonar el fútbol. Su carrera atravesaba entonces uno de esos túneles en los que el delantero deja de ver la portería y la persona tampoco encuentra la salida.
Andrés Guardado, mucho más que un compañero
En aquel momento apareció la figura de Andrés Guardado. El centrocampista mexicano, compañero suyo en el Betis, se convirtió en un apoyo fundamental dentro y fuera del vestuario.
“Andrés ha sido muy importante en mi vida”, reconoció Borja Iglesias.
Guardado lo acompañó durante los momentos difíciles y mantuvo su apoyo incluso después de abandonar el Betis. La relación entre ambos superó las fronteras de un vestuario y terminó convirtiéndose en una amistad profunda.
El Mundial permitió que volvieran a encontrarse. Después de la final, el gallego pudo abrazar al mexicano y compartir con él una victoria que pocos años antes parecía imposible. Las palabras de Guardado volvieron a emocionar a un Borja que no olvidó quién estuvo a su lado cuando el fútbol dejó de sonreírle.
El regreso a la selección después de su renuncia
La conquista del Mundial también cierra otro círculo en la trayectoria de Borja Iglesias. En 2023, el delantero anunció que no volvería a la selección mientras no se produjeran cambios en la Federación Española tras el beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso.
Su decisión generó apoyos, críticas y dudas sobre su posible regreso. Borja mantuvo su postura y permaneció fuera del equipo nacional hasta considerar que el escenario había cambiado.
“La vida nos coloca en el sitio que nos toca”, explicó tras proclamarse campeón.
El delantero defendió que aquella renuncia fue una decisión personal que sintió necesaria. Su presencia en el Mundial demuestra, según señaló, que se produjeron cambios, aunque todavía quede camino por recorrer.
Borja no regresó a la selección renunciando a sus convicciones. Regresó después de mantenerlas.
Una temporada para recuperar su mejor versión
El título mundial culmina una temporada sobresaliente para el delantero gallego. Borja Iglesias marcó 18 goles en 52 encuentros con el Celta durante el curso 2025-2026 y volvió a sentirse determinante en el club donde había comenzado su recorrido hacia el fútbol profesional.
Su rendimiento le abrió nuevamente las puertas de la selección y le permitió disputar, con 33 años, el primer Mundial de su carrera.
El delantero llegó a la cita después de recuperar la confianza, el gol y la felicidad en Vigo. Luis de la Fuente encontró en él un perfil diferente para completar el ataque, además de un futbolista con experiencia y capacidad para hacer grupo.
La Copa del Mundo supone el broche a una temporada en la que volvió a demostrar que todavía tenía mucho fútbol por delante.
Un campeón que tampoco olvida los golpes
Borja Iglesias quiso acordarse de las personas que lo apoyaron durante los peores momentos. Su trayectoria estuvo acompañada por críticas deportivas, ataques personales e insultos relacionados con su forma de expresarse y con las causas sociales que decidió defender públicamente.
Frente al ruido, también encontró afecto. El atacante agradeció el respaldo recibido cuando los goles no llegaban, cuando su futuro se llenaba de dudas y cuando algunas de sus decisiones provocaban incomprensión.
Ese apoyo fue tan importante como cualquier asistencia.
Borja Iglesias no marcó el gol de la final ni ocupó el primer plano durante el Mundial. Su victoria se explica de otra manera: estuvo allí después de haber pensado que quizá nunca volvería a disfrutar del fútbol.
Del Betis al Celta. De la duda al gol. De la renuncia a la selección al regreso. Del abismo a levantar la Copa del Mundo.
El Panda ya tiene su estrella.






