
El técnico de Betanzos ha respondido con resultados y se despide con prestigio en alza si no sigue en Riazor
Óscar Gilsanz ha hecho lo que se le pidió. Cogió el timón del Deportivo en noviembre con el equipo en la cuerda floja y lo ha estabilizado con una campaña firme, alejado del drama del descenso. Si el club decide no renovarlo, no será una salida por fracaso, sino un punto y aparte tras haber dejado el listón alto.
Con 25 partidos dirigidos, 10 victorias, 10 empates y solo 5 derrotas, ha convertido a un equipo en crisis en uno de los más fiables del tramo final de liga. Sus números lo sitúan entre los siete mejores de la categoría desde su llegada. No todos pueden decir lo mismo.
Hombre de club, gestión de cantera y resultados
Más allá de los datos, Gilsanz representa un modelo. Conoce la casa, ha apostado por jóvenes, ha sabido gestionar un vestuario amplio y ha devuelto cierta calma al entorno blanquiazul. Es el perfil que muchos clubes buscan: sereno, preparado, discreto y efectivo. Si el Dépor decide cambiar de rumbo, lo hará dejando escapar a un técnico que ahora tendrá buen cartel.
Desde dentro, nadie ha puesto en duda su profesionalidad. Y fuera, serán varios los equipos que ya tengan su nombre en la lista. Lo que en noviembre era una solución de emergencia se ha convertido en una apuesta que ha salido bien.
El Dépor mira al futuro mientras otros ya se mueven
Aunque el club coruñés aún no ha tomado una decisión oficial, sí ha empezado a sondear el mercado de entrenadores. Contactos con técnicos libres, sin ofertas ni negociaciones abiertas, pero con una idea clara: si hay cambio, será con tiempo y planificación.
Mientras, equipos como Albacete, Sporting o Tenerife ya han asegurado continuidad en sus banquillos. En Riazor prefieren esperar, aunque eso implique dejar que Gilsanz escuche otras propuestas si no hay una señal clara de continuidad.
Una salida que no sería un adiós amargo
A diferencia de otros técnicos que salieron por la puerta de atrás, el balance de Gilsanz es positivo. Ha cumplido, ha aportado, y si no sigue, lo hará con respeto mutuo. A sus 50 años, tiene recorrido y argumentos para seguir creciendo en otros proyectos.
El Dépor podría volver a cambiar de inquilino en el banquillo, pero esta vez no sería un despido traumático. Sería el final de un ciclo corto, eficaz y profesional. Y quizá el comienzo de una nueva etapa para un entrenador que ya ha demostrado estar preparado para retos mayores.








